
La canícula y sus efectos en la SNCF
Durante la canícula, cientos de viajeros de la SNCF enfrentan desafíos significativos: retrasos, trenes sin aire acondicionado y numerosas cancelaciones han marcado su experiencia. La situación se ha complicado aún más debido a un sistema ferroviario que se encuentra en un estado de vulnerabilidad.
Problemas estructurales del ferrocarril
Los altos niveles de temperatura afectan directamente a las infraestructuras ferroviarias. Tanto los raíles como las cateneras pueden sufrir deformaciones debido a la dilatación. Los raíles, compuestos en un 95% de acero, pueden alcanzar hasta 55°C en condiciones extremas. Esto hace que sea necesario reducir la velocidad de los trenes, lanzando una cadena de cancelaciones y retrasos en las principales rutas, como París-Toulouse y Lyon-París.
Por su parte, las cateneras, que alimentan a los trenes, también se ven afectadas. Hechas de cobre, su dilatación puede llevar a que se aflojen, creando un riesgo considerable para la operación segura de los trenes. Si estos cables no se mantienen rectos, pueden ser destruidos al ser golpeados por los propios trenes.
Trenes anticuados y falta de adaptación
Los trenes en sí también son susceptibles a las condiciones climáticas. Las rames Corail, que datan de los años 80, se encuentran desactualizadas y fueron diseñadas antes de que se contemplaran temperaturas extremas. Este tipo de vagones tiende a experimentar más problemas de funcionamiento durante olas de calor, especialmente si su sistema de aire acondicionado no está en óptimas condiciones.
La combinación de trenes anticuados y una ola de calor anticipada que tomó por sorpresa a la empresa ha resultado en numerosas cancelaciones esta semana.
Desafíos de adaptación y soluciones propuestas
Para preparar el sistema ferroviario ante el cambio climático, la adaptación es primordial. Desde la renovación de raíles hasta la mejora de equipos eléctricos, se requieren inversiones masivas. Sin embargo, estas medidas pueden extenderse durante décadas, como señala Patricia Pérennes, economista especializada en transporte.
El presidente de la SNCF, Jean Castex, ha compartido que se está implementando un plan para anticipar los cambios climáticos, que incluye desde la canícula hasta deslizamientos de tierra. Entre las soluciones propuestas, se baraja la posibilidad de pintar trenes y estructuras con colores claros para reflejar mejor la luz solar.
Qué hacer frente a la canícula
Mientras tanto, las acciones inmediatas de la SNCF incluyen la distribución de agua a los pasajeros y la instalación de fuentes de agua en estaciones. Además, se ha incrementado la vigilancia de las infraestructuras, especialmente la temperatura de los raíles mediante sondeos.
Sin embargo, la principal solución sigue siendo ralentizar el tráfico. Aunque esto ayuda a evitar incidentes, esta estrategia es limitada. Hasta que no se realicen reformas significativas en la infraestructura, estas medidas temporales corren el riesgo de convertirse en rutina cada vez que el termómetro supere umbrales críticos.
El futuro del transporte ferroviario en Francia depende no solo de adaptarse a una realidad climática cambiante, sino también de decisiones políticas que prioricen inversiones en el sector ferroviario.




