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Con sus padres, quienes son sus “figuras de apego principales”, el niño puede tener comportamientos que no se permite tener con otros, como una forma de desahogo.
“Cuando voy a recoger a mis hijos, están descontrolados y odiosos”. Charlotte, madre de dos niños de 5 y 8 años, enfrenta este escenario repetidamente después de que sus hijos pasan tiempo con sus abuelos. “Durante la visita, mis padres me dicen que son adorables. Pero al cruzar la puerta, todo cambia. Se pelean, se gritan y me llaman ‘mamá’ o ‘papá’ cada tres segundos…”, relata.
Comportamientos en el ámbito familiar
Esta situación sorprende a los abuelos, quienes cuidan a los niños sin problemas. “No entienden cómo hace dos horas estaban tranquilos”, se queja Charlotte. La “crisis” dura generalmente unas horas, hasta que regresan a casa.
Figuras de apego: ¿por qué esta reacción?
Charlotte se siente confundida. ¿Es que sus padres son más permisivos en casa? La enfermera puéricultriz Emmanuelle Rigeade explica: “Cada niño es diferente en función de su entorno. Es totalmente normal que los niños se comporten de forma diferente con sus padres y abuelos”.
Los padres son considerados por los niños como las figuras de apego principales, aquellos con quienes se sienten más seguros. Esto les permite expresarse de maneras que no se permiten con otros, sobre todo después de un período en un ambiente diferente, como los abuelos.
Envolviendo la atención parental
Generalmente, los abuelos ofrecen una atención exclusiva que a menudo no pueden proporcionar los padres, quienes lidian con la rutina diaria. “La atención de los padres es diferente; no siempre pueden dar su total disponibilidad”, explica Rigeade. Los niños pueden buscar atención, incluso si esto conlleva comportarse negativamente.
Los abuelos tienden a ser más flexibles y pueden permitir ciertas conductas que los padres no. Este cambio puede llevar a la confusión del niño, que busca confirmar si su entorno ha vuelto a la normalidad al regresar a casa.
Probando los límites
Los niños experimentan con los límites y normas de su entorno. “No se trata de provocar, sino de buscar seguridad y atención”, dice Rigeade. Este comportamiento es normal y refleja un deseo de saber si todo sigue igual, lo que indica que el niño confía en su hogar.
Conclusiones: una señal positiva
Es esencial entender que estos comportamientos no deben interpretarse de manera negativa. “Es bueno saber que su hijo se comporta bien con otros”, concluye Rigeade. A los padres se les aconseja ser flexibles ante estos momentos de ajuste y reconocer la necesidad de atención que sus hijos expresan. Con la comprensión de estas dinámicas, los momentos de reencuentro pueden transformarse en oportunidades para fortalecer el vínculo familiar.
Es un ciclo natural y, aunque los desencuentros puedan parecer difíciles, son partes integrales del desarrollo emocional del niño.



