Crisis del abastecimiento de petróleo y combustible para aviones en California
La crisis del suministro de petróleo y combustible para aviones en California ha alcanzado una fase crítica. Las reservas de combustible para aviones han caído a aproximadamente 2.6 millones de barriles, una disminución del 25% en comparación con el año pasado. Además, el estado ha perdido cerca del 20% de su capacidad de refinación debido al cierre de instalaciones clave. Esta situación no es una simple descoordinación temporal; es una disrupción estructural que afecta a las cadenas de suministro, los precios, y la infraestructura.
Factores que agravan la crisis
La crisis se intensifica por tres fuerzas que se solapan: el cierre de refinerías, los choques globales de suministros de petróleo relacionados con tensiones en el Medio Oriente y el aislamiento físico y regulatorio de California respecto al resto de la red energética de EE.UU. Estas condiciones están restringiendo el suministro mientras que la demanda sigue siendo fuerte, especialmente con la llegada del verano, donde aumenta la actividad viajera.
Los precios del combustible para aviones en el Aeropuerto Internacional de Los Ángeles están alcanzando niveles cercanos a $15 por galón, un 50% más que en otros grandes centros globales. Por su parte, los precios de la gasolina en California han subido a aproximadamente $5.85 por galón, en comparación con un promedio nacional cercano a $4.03.
Desgaste de capacidad y caída de reservas
La crisis es catalizada principalmente por la pérdida de capacidad de refinación. El cierre de las refinerías operadas por Phillips 66 y Valero Energy ha eliminado aproximadamente una quinta parte de la producción total del estado. Desde 2019, la capacidad de refinación en la Costa Oeste ha caído de 2.9 millones de barriles por día a cerca de 2.3 millones de barriles por día. Esto reduce significativamente la flexibilidad ante interrupciones.
Además, las refinerías priorizan la producción de gasolina debido a la demanda constante para el transporte terrestre. Esto provoca que la producción de combustible para aviones y diésel se reduzca primero, lo que explica por qué la crisis es más visible en el sector de la aviación.
Dependencia de las importaciones
La dependencia de California de las importaciones energéticas ha exacerbado la crisis. En 2025, se estima que el 61% del petróleo crudo procesado en California provendrá de fuentes extranjeras. Esto ha aumentado la exposición a la volatilidad global y hace que California compita por suministros limpios con otros compradores.
La geografía también juega un papel crucial, ya que California está prácticamente aislada por montañas y el océano Pacífico. La expansión de oleoductos es complicada, y el transporte marítimo es más lento y enfrenta restricciones.
Impacto en la aviación y la economía
La crisis está redefiniendo la economía aeronáutica, donde el combustible representa uno de los mayores costos operativos. Aerolíneas como United Airlines han aumentado las tarifas en un 20% en ciertas rutas y han recortado vuelos menos rentables. Las aerolíneas de bajo costo, como Spirit Airlines, enfrentan una presión financiera significativa, lo que podría conducir a la cancelación de rutas y mayores precios de boletos.
Además, el costo elevado del diésel aumenta los gastos logísticos, lo que repercute en los precios de bienes a lo largo de diversas industrias, alimentando así la inflación en el estado.
La falta de soluciones rápidas
La solución a esta crisis no es inminente. Nuevos proyectos de oleoductos están en consideración, pero se espera que muchos de ellos no estén operativos hasta 2029 o más tarde. Las demoras en las aprobaciones regulatorias y las revisiones ambientales complican aún más la situación. Este escenario refleja un desafío estructural, donde California se encuentra en un proceso de transición hacia energías más limpias mientras sigue dependiendo de los combustibles fósiles.
Los analistas prevén que los precios del combustible se mantendrán elevados y que las condiciones de suministro seguirán ajustadas durante varios años. La posibilidad de que se produzcan escaseces físicas es real, lo que plantea preocupaciones sobre el impacto en eventos futuros en California, como la Copa Mundial de 2026.

