## Bienvenidos a la era de los choques energéticos
La última década ha sido testigo de una serie de crisis energéticas a nivel global, impulsadas por conflictos militares, fenómenos climáticos extremos y problemas en las cadenas de suministro. A medida que los mercados de petróleo y gas se interconectan más, la fragmentación se intensifica y la transición hacia energías bajas en carbono se acelera. Se prevé que estos choques se conviertan en la nueva normalidad.
### Tres choques significativos
El deshielo económico post-pandemia en 2021 fue seguido por la invasión de Ucrania por parte de Rusia en 2022, y ahora, el conflicto en Irán ha desatado la mayor interrupción en los suministros de petróleo y gas que se haya visto. Estos eventos, ocurridos en un lapso tan corto, superan con creces la media histórica de una crisis energética por década desde la Segunda Guerra Mundial. Más alarmante aún, las causas subyacentes, como la fragmentación geopolítica y comercial, sugieren que estos episodios de inestabilidad pueden volverse más frecuentes en el futuro.
## Un sistema comercial fracturado
Los mercados energéticos actuales son más globalizados que nunca, marcada por un desplazamiento en la demanda hacia Asia, especialmente China. Según el Informe Estadístico del Energy Institute, las importaciones globales de crudo aumentaron un 55% entre 2000 y 2024, llegando a alrededor de 70 millones de barriles por día. Las importaciones de China aumentaron por sí solas seis veces, alcanzando 13.4 millones de barriles por día.
Este cambio ha transformado a Estados Unidos, que pasó de ser un gran importador de energía a convertirse en el mayor productor y exportador de petróleo y gas. Entre 2000 y 2026, las exportaciones de crudo de EE. UU. se multiplicaron por más de 12, alcanzando aproximadamente 12 millones de barriles por día, lo que representa cerca del 11% del mercado global. Sin embargo, la guerra en Ucrania expuso las vulnerabilidades de este modelo, poniendo de manifiesto la dependencia de Europa del petróleo ruso.
#### La interrupción de Irán
El conflicto en Irán ha desafiado la suposición de que los productores del Golfo nunca se involucrarían en conflictos que paralizaran los flujos energéticos. La decisión de Irán de bloquear el estratégico Estrecho de Ormuz —por donde transita el 20% del petróleo y gas mundial— ha marcado un nuevo paradigma que podría intensificar las tensiones regionales.
## Estrés comercial
Junto a los conflictos militares, las tensiones comerciales están desestabilizando la cooperación multilateral que había caracterizado el orden internacional después de la guerra. Las decisiones unilaterales, como los aranceles impuestos por el expresidente Donald Trump, han elevado la desconfianza hacia EE. UU. como proveedor confiable, impulsando así la búsqueda de autosuficiencia energética en diversas naciones.
China, al desafiar abiertamente las sanciones occidentales, ha fomentado la creación de redes comerciales alternativas, fragmentando los mercados globales y configurando un panorama energético totalmente distinto.
## Transición energética y nuevos riesgos
La transición hacia energías renovables ahora representa casi la mitad de la capacidad global de generación de electricidad. Esta aceleración está motivada no solo por el cambio climático, sino también por la necesidad de mejorar la seguridad energética. Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, destacó la importancia de acelerar el cambio hacia energías limpias para lograr independencia energética.
Sin embargo, esta transición también conlleva riesgos. La dependencia de tecnologías bajas en carbono, como paneles solares y almacenamiento de baterías, que se concentran en China, podría intensificar las tensiones comerciales.
### Un futuro volátil
Con la caída de la demanda, es plausible que aumente la competencia por la cuota de mercado entre los principales productores, convirtiendo nuevamente la energía en un arma geopolítica. Además, aunque la transición energética pueda mitigar el cambio climático, no lo revertirá. El aumento de temperaturas y los fenómenos climáticos extremos ya están interrumpiendo la producción y el transporte de energía.
Frente a este panorama sombrío, la volatilidad y no la estabilidad parece que definirán los mercados energéticos globales de las próximas décadas. Para enfrentar futuros choques, los países deberán construir sistemas energéticos diversificados, flexibles y, en muchos casos, domésticos.

