
El pasado 28 de marzo, en el espacio Clément-Marot de Cahors, un grupo de profesionales de la salud se reunió para discutir las crecientes agresiones que enfrentan en su labor diaria. Dos mujeres destacaron entre los testimonios, compartiendo sus experiencias y haciendo un llamado a la concienciación sobre la violencia en el sector.
El testimonio de Julie: tres meses de miedo
“Durante tres meses tuve miedo de ir a trabajar”, relató tranquilamente Julie*, una enfermera liberal del Lot. Con el micrófono en mano, describió cómo fue víctima de agresiones verbales y amenazas mientras desempeñaba su trabajo. La experiencia fue tan abrumadora que se vio obligada a realizar desvíos en sus rutas para evitar pasar por la casa de un individuo que la había amenazado. “Mis pacientes tenían miedo por mí, pero también por ellos mismos. Fue duro para todos”, comentó.
Un ciclo de miedo y amenazas
Julie recordó cómo todo comenzó durante una visita a domicilio. Tras intentar ayudar en una situación de crisis, se convirtió en el blanco de insultos y amenazas. “Una noche, una paciente me llamó para decirme que alguien estaba gritando que quería encontrarme. Empecé a tener miedo por mi seguridad”, explicó. A pesar de tener la opción de presentar una denuncia, el temor a agravar la situación la llevó a no hacerlo.
Medidas de protección para los profesionales de la salud
Desde la promulgación de la ley Pradal en 2025, que permite a los colegios de médicos presentar denuncias colectivas, ha habido avances significativos. En 2023, se registraron casi 20,000 incidentes de agresiones a profesionales médicos y casi 21,000 en 2024. En el Lot, se firmó un protocolo el 17 de junio de 2025 para ofrecer protección a los profesionales, facilitando la presentación de denuncias y ofreciendo asesoramiento sobre seguridad proporcionado gratuitamente por la policía y gendarmería.
Camille: temor en su propio consultorio
Acompañando a Julie, Camille*, una médica generalista, también relató su experiencia de agresión. “Estaba en consulta y me negué a prescribir un examen que no consideraba adecuado. El paciente se molestó y, tras intentar interrumpir la consulta, regresó más tarde para forzar la entrada de mi consultorio”, recordó. La angustia tras este evento afectó su día a día, ocasionándole un miedo constante cada vez que cerraba su consultorio.
Un llamado a combatir la violencia
Ambos testimonios ilustran una realidad preocupante que afecta a muchos en la atención médica. En la reunión, otros profesionales de la salud escucharon y compartieron sus propias experiencias, señalando que estas historias no son aisladas. El 28 de marzo sirvió como un importante recordatorio de la necesidad de visibilizar y abordar este problema de manera urgente.



