– Presiones económicas –
Irán ya estaba atravesando problemas económicos antes de la guerra, pero el conflicto ha generado una inflación aún más alta y ha llevado a muchas industrias al paro. Golnar, una trabajadora de Teherán, afirmó que “mi ingreso proviene de mi tienda en línea, pero en los últimos dos meses no he tenido ningún ingreso”.
La situación es crítica: “En mi familia, todos trabajan y ni siquiera pagamos alquiler, pero aun así no podemos pensar en ir a restaurantes o realizar actividades de ocio. Solo podemos permitirnos los gastos más básicos y esenciales”, expresó Golnar.
Sadeq, un empresario de la isla de Qeshm, añadió que el turismo, que solía florecer, ha caído en picada. “Nuestros hoteles y cafeterías están casi vacíos. Muchos han venido a quedarse más tiempo, esperando ver qué sucede con la guerra”.
– Cómo lidiar con la situación –
A pesar del caos, Shayan, que vive en Teherán, comenta que hay un atisbo de normalidad en medio del conflicto. “No hay hambre, todo está disponible. Las cafeterías están abiertas y todavía salimos… Hay gasolina, agua y electricidad. Pero hay un sentimiento de impotencia en todos nosotros”.
La vida social continúa, aunque la ciudad se siente desierta. “Nos reunimos con familia y amigos, jugamos a las cartas y tomamos algo. Las tiendas y restaurantes abren hasta las 9:00 p.m., pero la mayoría de la gente se ha ido”. Una residente de Teherán, originaria de la región kurda de Irán, dice que se ha acostumbrado a la situación. “El ruido, las explosiones y los misiles son ahora parte de nuestra vida diaria… Poco a poco se está volviendo más normal para todos”.
– Temores por el futuro –
Katayoon, quien dejó Irán por Turquía después de meses “terribles”, explica que su decisión de irse fue impulsada por años de vivir con miedo. “Desde que mi pañuelo cayó de mi cabeza en la calle hasta no poder enseñar a hombres, he estado viviendo en un estado constante de terror”. Un ataque aéreo incluso la lanzó de su cama.
La doctora Ensieh comparte su desesperanza. “Cada día estoy perdiendo más la esperanza. Estamos atrapados entre tres potencias locas, y la guerra es aterradora. Sé que nunca volveré a ser la misma persona”.
Un habitante de Sanandaj reflexiona que la intensidad de los ataques ha disminuido y que ha llegado a la conclusión de que la república islámica no caerá de la forma en que muchos imaginaban.
– Reprimenda y control –
Desde que comenzó la guerra, los iraníes han informado sobre una fuerte presencia de seguridad en las calles. Las manifestaciones en contra del gobierno son rápidamente reprimidas, mientras que las multitudes que apoyan a la república islámica se reúnen regularmente.
En Teherán, Kaveh, un artista de 38 años, describe la situación: “Es probable que pasés por varios puntos de control en un solo día. Los coches son revisados y los teléfonos son controlados”. Los grupos de fuerzas de seguridad han tomado el control nocturno de las calles, tocando bocinas y llevando banderas.
Los opositores al régimen temen que Washington llegue a un acuerdo con las autoridades clericales. “Si se llega a un acuerdo, estaremos condenados. Al menos, deberíamos salir de Irán por dos o tres años porque se volverán contra nosotros”, advierte Kaveh.


