Asia necesita jugar más inteligentemente para ganar dólares climáticos
Cada mes, desastres provocados por fenómenos meteorológicos extremos cobran más vidas en el sur y el sudeste asiático. La situación es crítica: un deslizamiento de tierra en Java Occidental, Indonesia, tras fuertes lluvias, efectivamente dejó decenas de muertos, incluidos 23 marinos indonesios durante un ejercicio de entrenamiento. A finales de 2025, titulares similares seguían marcando un patrón desolador, con ciclones que dejaron miles de víctimas en Sri Lanka, Indonesia, Malasia y Tailandia.
El costo del cambio climático en Asia
Según un informe del Instituto de Análisis Económico y Financiero de Energía de EE.UU., Asia perdió más de $75 mil millones al año entre 2020 y 2023 debido a eventos relacionados con el clima, representando el 40% del costo global. Sin embargo, la región recibe una fracción mínima de los fondos destinados a la adaptación al cambio climático. A pesar de que los flujos de financiación climática han crecido desde el Acuerdo de París, la mayoría de este dinero se destina a mitigar emisiones, como proyectos de energía renovable, dejando de lado la necesidad urgente de abordar el caos causado por el cambio climático ya presente.
Barreras a la financiación pública y privada
Se esperaba que las instituciones de desarrollo multilateral, como el Banco Mundial, asumirían un papel central en la creación de infraestructuras de protección. Sin embargo, enfrentan barreras significativas: en 2023, solo destinaron $25 mil millones a adaptación, una cifra que podría ser más de ocho veces inferior a la requerida.
La inversión privada también está lejos de ser suficiente, ya que los lugares más vulnerables, como Java Occidental, son los que menos capacidad tienen para preparar propuestas financieras complejas. Según el IEEFA, solo dos tercios de los fondos propuestos para proyectos de adaptación se desembolsan, en comparación con un 98% para la financiación al desarrollo en general.
La importancia de la cooperación regional
Para mejorar su acceso a la financiación climática, los países del sur y sudeste asiático deben unirse y crear mecanismos de coordinación regionales. La estrategia de financiación climática de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático sugiere esta posibilidad, permitiendo a los estados miembros compartir riesgos catastróficos de manera más efectiva. Esta estrategia ha funcionado exitosamente en el Caribe durante casi dos décadas, enfatizando la importancia de pagos rápidos que pueden marcar la diferencia entre la recuperación y la miseria en áreas devastadas por desastres.
La necesidad de colaboración internacional
Además, deben fortalecer su capacidad de preparar instrumentos financieros. Singapore, como uno de los grandes centros financieros del mundo, no debería carecer de expertise. Existe un considerable apetito por bonos bien estructurados que puedan financiar infraestructuras, particularmente en áreas urbanas.
Internacionalmente, Japón ha dado pasos hacia una participación activa en mecanismos de financiación de adaptación climática. Un ejemplo es el “bono de resiliencia” de $300 millones emitido por el gobierno metropolitano de Tokio, que recibió $2.2 mil millones en ofertas, superando con creces lo solicitado. Este tipo de experiencias y conocimientos es valioso para compartir entre naciones.
Conclusión: La necesidad de un enfoque colectivo
La colaboración entre diversos países y la creación de asociaciones son esenciales para abordar la crisis climática en Asia. La experiencia adquirida tras desastres pasados, como el tsunami de 2004 en el Océano Índico, demuestra que una respuesta ágil y unida puede salvar vidas. Fortalecer la resiliencia de la región, como una prioridad conjunta, no solo es necesario, sino urgente. Si Asia juega sus cartas de manera más inteligente, podrá ganar más dólares climáticos y enfrentar con éxito el desafío del cambio climático.
