
Elefantes y ballenas: Lecciones de gigantes sobre el cáncer
En el reino animal, un misterio ha intrigado a los científicos por décadas: ¿cómo es posible que las ballenas y los elefantes, estos gigantes con miles de millones de células más que los humanos, presenten menos casos de cáncer? Este fenómeno, conocido como el “paradoja de Peto”, ofrece una nueva perspectiva sobre el cáncer y podría abrir puertas a innovadoras terapias.
La paradoja de Peto
Imagina tu cuerpo como una enorme casa con cientos de habitaciones. A medida que la casa se agranda, mayor será la probabilidad de que se presenten problemas, como tuberías rotas o circuitos eléctricos defectuosos. Siguiendo esta lógica, se asumía que los animales más grandes deberían sufrir más cáncer. Sin embargo, el estadístico Richard Peto demostró en los años 70 que, a pesar de su gran cantidad de células, las ballenas desarrollan menos cáncer que los humanos. Curiosamente, los ratones, mucho más pequeños, tienen una tasa de cáncer superior.
En el caso de los elefantes, aunque también padecen cáncer, la frecuencia es considerablemente menor. Un estudio de 2015 determinó que solo el 5% de las muertes en elefantes se debieron a cáncer, en comparación con el 11% al 25% en los humanos. Esta observación ha llevado a la formulación del “paradoja de Peto”: la incidencia de cáncer no está correlacionada con el número de células de un organismo.
¿Cómo resisten el cáncer los grandes animales?
Grandes animales como el elefante africano muestran un impresionante sistema de defensa contra el cáncer. El ratón topo desnudo y los delfines también presentan bajas tasas de esta enfermedad, gracias a la evolución de gentes supresores de tumores muy eficientes.
Una pieza clave en este rompecabezas es el gen TP53, que produce la proteína p53, conocida como la “guardián del genoma”. Esta proteína evita que las células dañadas se reproduzcan y, si no pueden ser reparadas, induce su muerte, evitando la acumulación de daño en el ADN que puede conducir al cáncer.
Mientras los humanos tienen una única copia de este gen, los elefantes poseen 20 copias, lo que permite una mayor capacidad de interacción molecular contra el cáncer.
El caso de la ballena boreal
Otro gigante marino, la ballena boreal, vive hasta 200 años y muestra una notable resistencia a las enfermedades. Una investigación de la Universidad de Rochester publicada en 2025 sugiere que la proteína CIRBP, que repara rupturas en el ADN, es esencial en la resistencia al cáncer de estas ballenas, quienes tienen niveles más altos de esta proteína en comparación con otros mamíferos.
En contraste, un estudio de la Universidad Johns Hopkins reveló que animales pequeños como ratones y periquitos tienen una alta prevalencia de cáncer, lo que reafirma que el tamaño solo es una parte de la ecuación.
Implicaciones para la investigación del cáncer
Estas revelaciones son esperanzadoras para la investigación del cáncer. Al estudiar cómo los grandes animales logran limitar la enfermedad de manera natural, los científicos se encuentran en la búsqueda de nuevos tratamientos para los humanos. Equipos alrededor del mundo están tras la pista de los “secretos” de estos animales, tratando de descubrir nuevas formas de combatir esta enfermedad.
Las lecciones que brindan elefantes y ballenas sobre la resistencia al cáncer podrían no solo transformar nuestra comprensión de esta enfermedad, sino también cambiar el curso de la medicina en el futuro.



