El cierre de guichés en el Grand Est: ¿el inicio de la muerte de nuestras pequeñas ciudades?
Un adiós silencioso en Etival-Clairefontaine
En la estación de tren de Etival-Clairefontaine, un cartel proclama la triste realidad: “Espacio de venta definitivamente cerrado”. Desde el 1 de enero, el guichet, que solía ser un punto de referencia para los viajeros, ha cerrado sus puertas. La opción ahora es desplazarse 1.2 km hasta la oficina de correos del pueblo para adquirir un billete. Esta decisión no solo ha dejado sin servicio a los viajeros, sino que también ha evidenciado el descontento de los empleados, como Rémy Géhin, quien, tras 20 años de servicio, ahora se encuentra impotente para vender billetes a pesar de su capacitación.
Consecuencias de la reducción de guichés
El cierre de este guichet es parte de una serie de recortes realizados por la región Grand Est, donde se han cerrado trece puntos de venta y otros dieciséis han visto reducidas sus horas de operación. Según cifras proporcionadas por Thibaud Philipps, vicepresidente de la Comisión de Transporte, mantener un guichet cuesta alrededor de 200,000 euros al año, mientras que solo se venden entre seis y quince billetes al día. Con un descenso notable en la venta de billetes en guichés, pasando del 30% en 2019 al 11% proyectado para 2025, es evidente que esta decisión parece más un movimiento fiscal que un servicio al ciudadano.
El valor del servicio humano
La crítica surge de quienes ven en el cierre una pérdida de un servicio esencial. Gérard Coinchelin, un ex-empleado de la SNCF, argumenta que los guichés no solo se utilizaban para la venta de billetes, sino que también cumplían una función esencial de asesoramiento y orientación, especialmente para quienes no están familiarizados con la tecnología. “Un guichet tiene un propósito que va más allá de la venta”, sostiene Coinchelin.
La página se pasa, pero a qué costo
Rémy Géhin también expresa su preocupación por la falta de atención personalizada. La disminución de la presencia humana en los guichés marca “una página que se pasa”, un cambio que afecta especialmente a quienes requieren orientación. Esta realidad provoca que los pasajeros ahora dependan de máquinas expendedoras, el sitio web de la SNCF o, en el mejor de los casos, del personal de correos, cuya capacidad para ofrecer un servicio adecuado se ve cuestionada.
Un futuro incierto
Los temores de que esta no sea la última medida de austeridad en un servicio público crucial son palpables. Gérard Coinchelin señala la necesidad de valorar y revitalizar los guichés de tren, en lugar de cerrarlos. La llegada de las tecnologías digitales no debería implicar renunciar a opciones que permiten a los usuarios elegir el servicio que mejor se adapte a sus necesidades.
La situación en Etival-Clairefontaine es un reflejo de una tendencia más amplia: el cierre de servicios en pequeñas ciudades que, paradójicamente, podría acelerar su declive. Al eliminar el contacto humano y la atención personalizada, se podría estar contribuyendo a una forma de “muerte” para estas comunidades. Mientras el tiempo avanza, queda por ver qué camino tomará el transporte público en la región y cómo afectará la vida en las pequeñas ciudades.
