La creciente cultura de coca en Bolivia: un resultado de años de permisividad
La superficie cultivada de coca en Bolivia continúa en aumento, posicionando al país como el tercer mayor productor de cocaína a nivel mundial. Según el último informe de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDC), entre 2023 y 2024, las plantaciones han crecido un 10%, alcanzando los 34,000 hectáreas cultivadas. Esta extensión es aproximadamente tres veces el tamaño de París.
El contexto de la producción de coca
Desde la perspectiva internacional, Bolivia se encuentra detrás de Perú y Colombia, que dominan las superficies de cultivo de coca. En 2023, Colombia alberga casi dos tercios de toda la producción mundial, con 253,000 hectáreas. Perú, por su parte, cuenta con 93,000 hectáreas. Este crecimiento en Bolivia es alarmante, especialmente considerando que la ley boliviana permite hasta 22,000 hectáreas para usos tradicionales en comunidades indígenas, que emplean las hojas de coca en infusiones y como alimento.
La discrepancia en las cifras
La representante de la ONU, Mónica Mendoza, ha señalado que la diferencia entre la superficie legal y la realmente cultivada en Bolivia alcanza los 12,000 hectáreas. Esta discrepancia se considera un reflejo de la permisividad en la regulación del cultivo, la cual ha predominado en el país durante administraciones de izquierdas entre 2006 y 2025. Los expertos y autoridades locales, incluido el ministro del Interior, Marco Antonio Oviedo, han atribuido este crecimiento excesivo a la influencia del narcotráfico, que utiliza la coca como materia prima para la producción de cocaína.
Nuevas políticas y medidas
Con la llegada al poder del presidente Rodrigo Paz, del partido de centro-derecha, se han anunciado comprometidas estrategias para abordar esta situación. El ministro Oviedo ha enfatizado la necesidad de reducir drásticamente las áreas cultivadas de coca. A su vez, el jefe de la lucha antidrogas de Bolivia, Ernesto Justiniano, ha indicado que la Administración de Control de Drogas de EE. UU. (DEA) regresará al país, luego de haber sido expulsada en 2008, para colaborar en la lucha contra el narcotráfico.
Desafíos en la lucha contra el narcotráfico
Justiniano ha calificado las cifras actuales de producción de cocaína como “exorbitantes” y ha prometido intensificar la erradicación de cultivos ilegales. Sin embargo, la vuelta de la DEA plantea interrogantes sobre la soberanía de Bolivia y la efectividad histórica de tales medidas. A pesar de las buenas intenciones, el camino a seguir es complicado, ya que muchos factores sociales y económicos están en juego.
Reflexiones finales
La creciente cultura de coca en Bolivia revela una compleja interacción entre la tradición, la economía y el narcotráfico. Las políticas implementadas por el nuevo gobierno serán cruciales para cambiar esta tendencia. En un mundo cada vez más interconectado, las acciones en Bolivia tendrán repercusiones que se sentirán más allá de sus fronteras, lo que requiere una cooperación internacional efectiva para abordar este fenómeno. Con la promesa de un enfoque más firme, queda por ver si las autoridades bolivianas podrán verdaderamente controlar la situación y poner fin a años de permisividad.
