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« La inhalación de aire frío debilita nuestras defensas inmunitarias contra una infección », afirma Manuel Rosa-Calatrava.
SALUD – ¿Tienes la nariz que gotea? Las temperaturas están en descenso. ¿Un pequeño dolor de garganta? Ya llega el invierno. ¿Estornudos a raudales? Quizás deberías haberte puesto un abrigo esta mañana. En resumen, como cada año, has cogido un resfriado. Pero, ¿es realmente el frío el responsable de estos pequeños trastornos y grandes dolores de cabeza?
La relación entre frío y contagio
La respuesta no es tan simple como parece. Primero, debemos responsabilizar a nuestro propio cuerpo. Aunque el clima no es el principal culpable de nuestras debilidades, su influencia es innegable.
Más frío, más cercanía social
Cuando el clima se enfría, tendemos a buscar refugio del frío. Preferimos el metro al bici, y un café a un parque. Esto resulta en que los virus pueden moverse libremente de un anfitrión a otro. Los principales vehículos son las microgotas producidas al estornudar o toser, así como los pañuelos usados que dejamos detrás.
Lo que comúnmente llamamos resfriado es el resultado de un virus, el rinovirus, que causa inflamación en las vías respiratorias superiores. Según Manuel Rosa-Calatrava, director adjunto del Laboratorio de Virología y Patología Humana, “los ambientes confinados y poco ventilados concentran contaminantes atmosféricos, que irritan las vías respiratorias y agravan el riesgo de infecciones”. Para prevenir el contagio, lo más eficaz es lavarse las manos con frecuencia.
El impacto del frío en nuestro sistema respiratorio
El aire frío puede ser hostil para nuestro sistema respiratorio. El frío reseca y enfría las mucosas, disminuyendo la eficacia de los cilios en la nariz, que actúan como filtro contra polvo y patógenos. Cuando las mucosas están irritadas, los virus tienen un acceso más fácil a nuestras defensas.
Además, la inhalación de aire frío también debilita nuestras defensas inmunitarias. Para combatir el frío, nuestro cuerpo se somete a una vasoconstricción, lo que significa que los vasos sanguíneos se estrechan. Aunque este mecanismo ayuda a mantener nuestra temperatura corporal, reduce la actividad de los glóbulos blancos, facilitando el trabajo de los rinovirus.
La transmisión de virus en climas fríos
Los virus son dependientes de la temperatura; su desarrollo y supervivencia están influenciados por el clima. La transmisión de virus de la gripe, por ejemplo, se relaciona con la humedad y la temperatura. Investigaciones realizadas sobre cobayas han indicado que el virus de la gripe estacional sobrevive con más eficacia a temperaturas de 5°C que a 20°C, especialmente en condiciones secas y frías típicas del invierno en zonas templadas.
Por lo tanto, aunque el frío en sí mismo no es el causante directo de los resfriados, sí crea un entorno propicio para la propagación de virus. Prevenir resfriados implica no solo cuidarse del frío, sino también mantener buenas prácticas de higiene y evitar la cercanía a personas enfermas.





