
Tras unos días en los que Putin celebró la misión de paz, Salvini relanzó otro proyecto de paz pero fiscal. En unas horas hemos pasado de un plan que preveía hasta la implicación del Pontífice a una iniciativa que, en cambio, se ocupa de facturas fiscales de unos 15 millones de italianos por importes que rondan los mil euros en total -según afirma el El propio líder de la Liga Norte.- sobre la que propone una amnistía, tal vez limitada a intereses y sanciones. En definitiva, otro orden de problemas y magnitudes. Hemos pasado de un tema dramático como la guerra de Ucrania a un frente enteramente interno como el del desguace de expedientes. Mucha gente lee en estas iniciativas la necesidad de recuperar la aprobación de la opinión pública italiana, pero Salvini también debería estar atento a su partido.
De hecho, la helada a su iniciativa diplomática, incluso ante el gobierno y las cancillerías, vino del Carroccio, donde más o menos todos los principales exponentes -por ejemplo, incluso Zaia- dijeron que no sabían nada de esa misión de paz que parece se han construido con consultores externos a la Liga. Aquí está el punto. ¿Es posible que un proyecto tan ambicioso con un impacto significativo en las elecciones de ubicación internacional no sea discutido y posiblemente compartido con el partido? Es cierto que no se cuestiona su liderazgo, pero pensar que puede saltarse todos los pasos internos le expone a las críticas, sobre todo en la zona más cercana a Draghi. Incluso, el ministro Giorgetti dijo que las del mandatario son “propuestas sugerentes pero hay que actuar en concierto con el Ejecutivo”.
Incluso Meloni, que también quiso precisar que no había criticado a Salvini, ciertamente no está de su lado. Por tanto, con ese anuncio provocó un distanciamiento dentro de la Liga y también en la coalición con la FdI y parte de Forza Italia y no será fácil salir de ella. Como decíamos, el Carroccio siempre ha sido una fuerza compacta sobre su líder pero la fase está cambiando. En el sentido de que poco a poco nos vamos acercando a las elecciones y por tanto al nudo de las listas. Aquí, mientras Salvini estaba moliendo consensos y era capaz de garantizar lugares para todos, podía contar con la lealtad, pero ¿qué pasará ahora que, según las encuestas, está por debajo de los niveles de 2018? De confirmarse esos porcentajes en torno al 16%, no solo ya no podrá garantizar escaños para todos sino que incluso se reducirán los escaños por el recorte de parlamentarios que entrará en vigor con la próxima legislatura. Aquí podría aflorar toda la impaciencia que ha permanecido oculta.



