
En respuesta al inquietante aumento en el consumo de protoxido de nitrógeno, las autoridades de la metrópoli de Toulouse han tomado medidas significativas, implementando ordenanzas que prohíben su uso en espacios públicos.
Los peligros del “gas hilarante”
El protoxido de nitrógeno, comúnmente conocido como “gas hilarante”, era originalmente empleado en contextos médicos y alimentarios. Sin embargo, en los últimos años, ha comenzado a proliferar de manera alarmante en las calles, en aparcamientos y en eventos festivos. Este gas, inhalado por muchos para experimentar sensaciones de euforia, puede acarrear consecuencias severas, incluyendo trastornos neurológicos, desorientación e incluso asfixia en caso de inhalación masiva.
Medidas concretas contra el uso indebido
Albert Sanchez, alcalde de Cugnaux, ha declarado un estado de emergencia respecto a esta situación. Afirmó: “No podíamos permanecer inactivos ante una práctica que pone en riesgo la salud, especialmente la de nuestros jóvenes”. En consecuencia, se ha promulgado una ordenanza que prohíbe el uso del gas en la vía pública, con el objetivo de mitigar comportamientos de riesgo asociados a su consumo indebido.
Toulouse también ha instaurado medidas similares. Vincent Terrail-Novès, vicepresidente de Toulouse Métropole y presidente del sindicato Decoset, reveló que ha contactado a los alcaldes de las 158 comunas de la región para proponer un modelo de ordenanza que contemple la prohibición del protoxido de nitrógeno.
Impacto en la limpieza urbana
Además del aspecto de salud pública, el fenómeno del “gas hilarante” tiene efectos negativos visibles en el entorno urbano. Los servicios de limpieza reportan regularmente la presencia de cartuchos desechados en las aceras y parques. Desde principios de año, se han recogido aproximadamente 20,600 botellas de protoxido de nitrógeno, lo que equivale a 31 toneladas en total. Esto significa que los equipos de limpieza recolectan un promedio de 400 botellas cada semana.
Un aumento alarmante en las sanciones
Para combatir este problema, la metrópoli ha intensificado las acciones policiales. En 2024, se registraron 205 sanciones por parte de la policía municipal por el uso de protoxido de nitrógeno, un aumento del 150% en comparación con el año anterior. Hasta el 30 de septiembre, ya se habían emitido 449 sanciones.
El reto, sin embargo, persiste. Vincent Terrail-Novès sostiene que capturar infracciones en el acto es complicado, comparándolo con las multas por desechos caninos. Aunque las multas han aumentado un 150%, la verdadera preocupación radica en el nivel de consumo, que podría haber aumentado de manera exponencial.



