La situación de la *pequeña y mediana empresa* (PYME) TIB, especializada en la fabricación de **ambulancias**, ha generado un **debate crucial** acerca de la competencia en el mercado europeo. Philippe Sandrin, su presidente, expresa con desazón una realidad que afecta a muchas empresas locales: la **concurrencia desleal**. Este dilema se intensifica con un reciente *llamado a licitación* en el que TIB no solo no fue seleccionada, sino que la mayoría de sus competidores provienen de mercados donde los costos de producción son considerablemente más bajos.
Todo comenzó a principios del año 2025 cuando TIB se postuló para un contrato de **300 ambulancias**, destinado a los *Servicios Departamentales d’Incendie et de Secours* (SDIS) de quince departamentos del *Oeste de Francia*, incluyendo el de **Eure**, donde se encuentra la empresa. Sandrin argumenta que la *licitación estaba amañada*, sugiriendo que la *ponderación de los criterios de evaluación* favoreció de manera desproporcionada a las empresas extranjeras. En este sentido, *60%* del puntaje se basó en el precio, mientras que solo *40%* se dedicó a la calidad técnica de las propuestas. “Cuando se prioriza tanto el precio, es casi imposible competir”, lamenta.
La ironía de la situación es palpable: el departamento de Eure está situado a unos diez kilómetros de la planta de TIB, donde se fabricarían ambulancias de **producción nacional**. En cambio, las ambulancias que finalmente se adquirirán provendrán de Polonia. “Me resulta inaceptable que se destruyan empleos a tan corta distancia para importar productos de otro país”, enfatiza Sandrin, quien cuenta con un equipo de *110 empleados*. Esta incertidumbre sobre la viabilidad de la empresa lo ha llevado a **plantear** la posibilidad de despidos inminentes si no llegan nuevos contratos en los próximos años.
El impacto en el empleo local
Las cifras son escalofriantes para una PYME como TIB. La pérdida de este contrato representa un golpe directo a sus operaciones, con **15 millones de euros** en órdenes de compra no concretadas en un período de cuatro años. Según Sandrin, el impacto no solo es financiero, sino que también pone en riesgo *el empleo* en su comunidad. Por otro lado, el controlador general del SDIS de Ille-et-Vilaine, Éric Candas, defiende el procedimiento del *llamado a licitación*, subrayando que este cumple con las normativas *europeas* y que la decisión fue tomada con total transparencia.
Defensa del proceso de licitación
El SDIS reitera que aunque *la competencia es dura*, el proceso también ha beneficiado a empresas francesas en contratos similares en el pasado. Candas señala que la decisión fue resultado de un análisis colectivo entre los *quince SDIS* del grupo y que la justicia ya ha rechazado el recurso presentado por TIB, declarando que el procedimiento era conforme a la legalidad. No obstante, para Sandrin, esto no cambia el hecho de que se está *deslocalizando* el empleo y los recursos, lo que resulta en una **pérdida del saber hacer** local y nacional. “Esta situación es desesperanzadora. Nos estamos arriesgando a perder una parte esencial de nuestra industria,” añade.
En un entorno cada vez más competitivo, la premisa de que el costo más bajo es el criterio más importante plantea interrogantes sobre la sostenibilidad de las industrias locales. Los costos de **producción** en países como Polonia permiten a las empresas extranjeras ofrecer precios más atractivos, lo que genera un ciclo difícil de romper para las PYME que operan bajo normativas más rígidas, incluidas las laborales y ambientales. De hecho, la **falta de reformas** que protejan efectivamente a las empresas locales frente a estos desafíos ha llevado a muchas a cuestionar la viabilidad de sus operaciones futuras.
La pérdida de un contrato tan significativo pone a TIB en una postura delicada, donde no solo la empresa está en riesgo, sino también la estabilidad de los empleos que dependen de ella. La preocupación de Philippe Sandrin es un llamado a la acción para todos aquellos que valoran la **producción local** y el **empleo sostenible** en Francia. Surge la pregunta: ¿hasta dónde están dispuestos a llegar los gobiernos y las instituciones para preservar el tejido local de producción en un mundo cada vez más *globalizado*?


