La controversia sobre el despliegue de la Guardia Nacional en EE. UU.
El **chassé-croisé** continúa en Estados Unidos entre los tribunales de primera instancia y las cortes de apelación, que no siempre están de acuerdo sobre el despliegue de la **Guardia Nacional** en las calles de las ciudades estadounidenses. Esta estrategia, utilizada oficialmente por el presidente **Donald Trump** para combatir el crimen, parece tener un trasfondo más político, buscando ejercer presión sobre las administraciones lideradas por **demócratas**.
Recientemente, una corte de apelación determinó que Donald Trump podría **desplegar la Guardia Nacional** en Portland, una ciudad con un gobierno demócrata, hasta que se resuelva el caso en cuestión. En su fallo, la corte consideró que «es **probable** que el presidente haya ejercido legalmente su autoridad** estadunidense» al enviar tropas de este cuerpo de reserva.
Esta decisión revoca la orden de una juez de primera instancia que había bloqueado el despliegue en una ciudad que el presidente Trump ha descrito como “**devastada por la guerra**”, una caracterización que las autoridades locales han rechazado enérgicamente.
A finales de septiembre, Trump anunció su intención de enviar **200 soldados** a Portland, una medida que ya ha generado una **gran controversia**. Este despliegue ya se ha implementado en ciudades como **Los Ángeles**, **Washington**, y **Memphis**, y se contempla su uso también en Chicago.
En Portland, las protestas han aumentado en los últimos meses en respuesta a la política migratoria del presidente, especialmente en frente de un edificio del **ICE** (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas). Durante estas manifestaciones, algunos participantes han aparecido disfrazados de **unicornios** o **ranas**, mientras que las fuerzas del orden han recurrido al uso de **gas lacrimógeno** para dispersar a la multitud.
“No hay insurrección”
Según la gobernadora de Oregón, **Tina Kotek**, los disturbios son manejables por las fuerzas locales de policía. En su autoridad conjunta con el presidente sobre la Guardia Nacional, Kotek nunca ha considerado necesario el uso de estas tropas. “**No hay insurrección**, no hay amenaza a la seguridad nacional, y no necesitamos tropas militares en nuestra gran ciudad”, expuso la gobernadora a principios de octubre.
Inicialmente, una juez le dio la razón al bloquear el envío de tropas, argumentando que no había “**peligro de rebelión**”. Sin embargo, en la nueva decisión de la corte de apelación, dos de los tres jueces consideran que Trump actúa dentro de sus derechos no porque exista una rebelión, sino porque puede requerir la Guardia Nacional cuando está “**incapaz de ejecutar las leyes de EE. UU. con las fuerzas regulares**”.
Este marco, según los jueces, se aplicaría a los eventos ocurridos en el edificio del ICE en Portland, donde los manifestantes interfieren con el trabajo de la policía de inmigración. Esta opinión fue **contestado** de manera enérgica por la tercer juez de la corte, **Susan Graber**, quien advirtió sobre un fallo potencialmente peligroso para el país.
“La decisión de hoy no es solo absurda”, enfatizó Graber en un voto disidente, recordando la incongruencia de considerar a Portland como una “**zona de guerra**” cuando algunos manifestantes se visten de “**pollos**”.
“Esto erosiona principios constitucionales fundamentales”, continuó, subrayando la importancia del control soberano de los estados sobre sus milicias y los derechos que otorga la **Primera Enmienda** a los ciudadanos a reunirse y oponerse a las políticas del gobierno.
La situación sobre el despliegue de la Guardia Nacional en Estados Unidos sigue siendo un tema crucial de debate. Las decisiones judiciales, así como las tensiones políticas entre administraciones, revelan una profunda división en la manera de abordar temas de seguridad y protesta en el contexto de una sociedad cada vez más polarizada. Los desafíos que enfrenta el país son complejos y requieren un diálogo informado y respetuoso que contemple las diversas perspectivas involucradas.
