
FREDERIC J. BROWN / AFP
Aziz Ansari a participé au Festival d’humour de Riyad, en Arabie saoudite.
La primera edición del Festival de Humor de Riyad
El reciente **Festival de Humor de Riyad**, que se celebró del **26 de septiembre** al **9 de octubre**, ha suscitado **grandes controversias**. Este evento, que reunió a varios comediantes de renombre mundial en un país donde la **libertad de expresión** es **extremadamente limitada**, ha sido objeto de críticas y debates acalorados. Uno de los participantes más destacados, el comediante **Aziz Ansari**, defendió su participación afirmando su compromiso de donar parte de sus ganancias a «causas que apoyan la prensa libre y los derechos humanos».
Reacciones de Human Rights Watch
No obstante, la organización **Human Rights Watch** mostró su desacuerdo con esta postura. Un portavoz declaró que la organización **«no podía aceptar»** las donaciones de los comediantes que se presentaron en el festival. Según **Joey Shea**, investigadora sobre Arabia Saudita, la organización considera que, aunque no pueden aceptar estas donaciones, **«no es demasiado tarde para que llamen a la liberación de los activistas saudíes detenidos»**. Este comentario subraya el dilema ético que enfrentan aquellos que deciden participar en eventos en regímenes donde los derechos humanos son frecuentemente violados.
Opiniones divididas en la comunidad cómica
En el plató de **Jimmy Kimmel Live**, Aziz Ansari se refirió a estas críticas, reconociendo que «es un régimen bastante brutal», pero defendiendo su decisión de participar en el festival como una oportunidad para abrir un diálogo en un entorno complicado. Ansari afirmó: «Un festival de humor me pareció ser una ocasión para abrir los temas y fomentar el diálogo». Otros comediantes, como **Dave Chappelle** y **Bill Burr**, también asistieron, mientras que figuras como **David Cross** se manifestaron en contra, cuestionando la **credibilidad** de sus colegas y su compromiso con la libertad de expresión.
Revelaciones sobre las ofertas económicas
La comediante **Atsuko Okatsuka**, quien decidió no asistir al festival, expuso en redes sociales que los **honorarios** para los humoristas variaban entre **decenas de miles hasta 1.6 millones de dólares** por actuación. Se reveló que una parte significativa de estos honorarios provenía directamente del **príncipe heredero** saudí, lo que añadió otra capa de complejidad a la polémica.
La justificación de la participación
A pesar de las críticas, algunos comediantes como **Louis CK** defendieron su presencia en el festival, calificándolo de «excelente oportunidad» para que el humor se convierta en un **vehículo de diálogo**. **Dave Chappelle** incluso realizó comentarios irónicos sobre la facilidad de hablar en Arabia Saudita en comparación con Estados Unidos, lo que pone de manifiesto la compleja relación entre el **arte** y la **política** en este contexto.
La polémica continúa
En resumen, el **Festival de Humor de Riyad** ha abierto un debate creciente sobre la **ética de la actuación** en un contexto donde los derechos humanos son frecuentemente violados. La participación de figuras destacadas del humor ha generado reacciones mixtas, apelando a la responsabilidad moral de los artistas y al poder del entretenimiento como medio de fomentar el cambio social.
El reciente acontecimiento pone de manifiesto las tensiones entre el compromiso artístico y las realidades políticas del mundo actual. Aunque algunos comediantes ven su participación como una oportunidad para abrir el diálogo, otros cuestionan la legitimidad de actuar en un país donde la represión es la norma, lo que abre un debate considerable sobre la responsabilidad social de los artistas en sus decisiones.





