
Un **jeune homme de 28 años**, dependiente del **crack**, fue juzgado esta semana por el tribunal corregional d’Albi por actos de violencia contra sus familiares. Su madre y su abuela, presentes en la audiencia, habían realizado múltiples llamados de ayuda para que él lograra superar esta **adicción** que lo ha llevado a la **violencia**.
“Soy una madre en **desesperación** desde hace años…” En la barra del tribunal corregional de Albi, este martes 30 de septiembre, una madre de familia solloza al dirigirse a los magistrados. Delante de ella se encuentra su hijo, el acusado del día, que fue escoltado en la sala por agentes de la **administración penitenciaria**.
Con **28 años**, cabeza rapada, el joven, adicto al crack, se mantiene en pie y con las manos detrás de la espalda. Responde con calma las preguntas, pero los temblores de sus miembros delatan un estado de **abstinencia**. Es juzgado por haber **agredido** a su madre y a su abuela durante una crisis ocurrida el sábado pasado, cuando él mismo había solicitado su ayuda para intentar desprenderse de su adicción.
El episodio violento
“No recuerdo mucho”, explica al tribunal. “Estaba completamente fuera de mí”. Ese día, su madre, acompañada de su abuela, lo había llevado a las urgencias del hospital de Albi con la esperanza de que fuera atendido y hospitalizado para comenzar un nuevo programa de **desintoxicación**. Tras ver a los médicos, quienes le ofrecieron un lugar en **hospitalización libre**, el joven salió al aparcamiento y pidió dinero a su madre para comprar una última dosis.
“Por primera vez, le dije que no a 30 €”, relata la mujer de 50 años. Fue en ese momento cuando se desencadenó la violencia. El joven arrebató el teléfono móvil de su abuela y se dio a la fuga. Aunque ella intentó alcanzarlo, él la empujó al suelo y le dio una patada en el abdomen mientras ella estaba en el suelo. Fue un bombero que se encontraba presente quien logró controlar al joven hasta la llegada de la **policía**.
Su abuela, de **72 años**, sufrió un **traumatismo** craneal leve, contusiones y un hematoma en la muñeca. “Nunca me había tocado antes, nunca”, asegura en la barra, reconociendo tener miedo hoy de su **nieto**, pero deseando ante todo que él se recupere. “Espero que se dé cuenta de que necesita tratamiento”.
Llamado a la ayuda
La madre del acusado también fue examinada por un médico legista, quien registró un importante impacto psicológico y “un inmenso sentimiento de **desesperanza**”. Durante los últimos años, ha golpeado todas las puertas en busca de una solución para su hijo, quien “no puede salir adelante solo”, llegando incluso a enviar cartas al **procurador** de Albi. “No sabía cómo ayudarlo”, lamenta. “Lo que quiero es que mi hijo reciba tratamiento. Es un peligro para él y para los demás. Necesita ayuda”.
En la barra del tribunal, el joven abordó su consumo de crack, este derivado de la cocaína altamente adictivo. Relata haber comenzado hace “6 o 7 años”, tras un grave accidente de tráfico. Las **cursos** de desintoxicación que ha iniciado no han tenido éxito. Sin **hogar**, trabaja como **camarero**, un empleo que parece apasionarle, pero su adicción le impide finalizar sus contratos. Ya fue condenado el año pasado por **violencia**.
En defensa, Me Amélie Deltell también subrayó “la necesidad de cuidados **estructurados** y permanentes” para su cliente. “No ha habido la atención adecuada”, argumenta, a pesar de los “gritos de desesperación” de su madre que ha luchado por una **hospitalización** involuntaria.
El tribunal siguió las requisiciones del **ministerio público** y condenó al acusado a una pena de **18 meses de prisión**, de los cuales 12 meses son de **suspensión** condicional con la inclusión de obligaciones de tratamiento. Ya encarcelado el fin de semana pasado debido a la ejecución de su sentencia anterior, permanecerá encarcelado para cumplir con la parte efectiva y comenzará su **desintoxicación** en prisión.




