
Después de un **shock séptico**, nueve días en coma y una **quadruple amputación**, Maryline, de 46 años, está recuperando gradualmente su autonomía. Pero sin familiares que la ayuden, podría quedarse **sin vivienda**.
“Mi vida se ha convertido en un **deporte de combate**”: Maryline, de 46 años, amputada de cuatro miembros, ha visto cómo su día a día ha cambiado radicalmente. “Todo comenzó con una **infección urinaria** a finales de noviembre de 2024. Me di cuenta una noche y pensé que iría al médico a la mañana siguiente”. Sin embargo, al día siguiente, sus recuerdos son borrosos.
“Ya estaba en otro mundo”. Finalmente, fue atendida más de **24 horas** después. Demasiado tarde. “Mi infección urinaria se convirtió en **pielonefritis**, y se propagó a los pulmones. Tuve un **shock séptico**”. Entonces fue sumergida en un coma artificial durante **nueve días**, en el hospital Rangueil. Al despertar, sus **extremidades** – dedos y pies – estaban necróticos.
“El tratamiento, que buscaba concentrar el flujo sanguíneo en mi cerebro y corazón, descuidó los demás miembros”, explica. “Cuando vi mi cuerpo en ese estado, fue como una **película de terror**”. Esta complicación, relacionada con el uso de un **vasoconstrictor**, es poco común. Pronto, la sentencia llega: debe ser amputada. Primero las piernas, a la altura de la mitad de la pantorrilla, a inicios de enero de 2025. Luego, días después, los dedos. Posteriormente, es trasladada a la **clínica de los Cederos**, en Cornebarrieu, para su rehabilitación.
Deber re-aprender a vivir
“Cuando te ves así, piensas que tu vida está arruinada. Me convertí en una persona totalmente dependiente, como un niño: tuve que reaprender a **comer**, **lavarme los dientes** y **usar el baño**”. Pero Maryline muestra una fuerza enorme para recuperar su autonomía. “Progresé muy rápido”, indica. “El primer día con mis prótesis, me mantuve de pie, lo cual es muy raro. Generalmente, somos más fuertes de lo que creemos. Ser **resiliente** no significa ignorar el sufrimiento, sino ser capaz de vivir con él”.
Hoy, lleva sus prótesis de pierna durante **5 horas** al día, y espera que ese tiempo aumente. Ahora que esta fase de rehabilitación ha terminado, debe salir de la clínica. El problema: no tiene ninguna solución de **vivienda**. Antes vivía con su madre, pero su relación se ha deteriorado. Además, el apartamento estaba en un primer piso sin **ascensor**. Aparte de un amigo que la visita regularmente, no tiene más **apoyo**.
“Tres semanas a un mes para encontrar una solución”
Antes del accidente, era responsable de un pasillo en una tienda de productos **biológicos**. “Nunca más podré trabajar como antes”, exclama. Recibe ayudas financieras: una pensión de **incapacidad** de la Seguridad Social y una renta de su previsión, “insuficientes” para pagar un alquiler. Mientras aún estaba en condiciones, en julio de 2024, había solicitado una **vivienda social**. La actualizó en marzo pasado, pidiendo un apartamento adaptado, con acceso para personas con **movilidad reducida**. Por ahora, sigue sin respuesta.
“Una **asistente social** y un médico me dijeron que tenía un plazo de tres semanas a un mes para encontrar una solución, pero no tengo nada. Me hablaron de integrar un **hogar social**, pero mi vida ya ha empeorado lo suficiente. Estoy muy cansada. Nueve meses de hospitalización son largos. Que la vida me maltrate es solo cuestión de mala suerte. Pero que la sociedad me maltrate de nuevo no lo considero justo”.
¿Riesga Maryline a quedarse en la calle para finales de octubre? Consultado sobre su obligación de dejar la clínica, el grupo **Ramsay Santé**, al que pertenece el establecimiento, “no tiene comentarios o información que comunicar sobre este asunto”.



