
La Renacimiento del Mercantilismo Bajo Donald Trump
Bajo la presidencia de Donald Trump, el mundo ha tomado un giro drástico hacia la doctrina mercantilista del siglo XVII. Esta teoría sostiene que el comercio es un juego de suma cero, en el que los países deben preocuparse por la autosuficiencia y concentrarse en exportar más de lo que importan. Esta idea funcionó para monarcas como Luis XIV y se ha reintroductido en el discurso estadounidense con un enfoque de “América Primero”, buscando convertir a Estados Unidos en el vencedor del juego comercial global.
Adam Smith, pionero del liberalismo económico, desarrolló la filosofía de los mercados libres como respuesta a esta teoría mercantilista, argumentando que la acumulación de riqueza para los ciudadanos es incompatible con el énfasis en la adquisición de metales preciosos y la restricción de importaciones. Su enfoque liberal dominó la política económica del siglo XX en Occidente.
El impacto del anuncio de aranceles por parte de Trump el 2 de abril se sintió de inmediato, sorprendiendo a los mercados y estableciendo barreras comerciales mucho más altas de lo esperado. Aunque se tomó esta medida con el objetivo de revivir una era de prosperidad industrial, lo que ha sucedido desde entonces presenta dos sorpresas significativas. En primer lugar, a pesar del horrorizado reaccionar inicial del mercado, los aranceles se han mantenido en gran medida, incluso aumentando para países como India y Brasil. En segundo lugar, la mayoría de los países no han respondido con represalias, lo que ha inclinado los términos comerciales a favor de Estados Unidos.
Este panorama podría parecer una victoria aplastante para “América Primero”, pero ignora un factor crítico: China, un país que ha estado practicando el mercantilismo de manera eficaz durante décadas y parece estar un paso adelante en este juego.
Mercantilismo Chino 1.0: Devaluación y Manipulación del Comercio
El profesor George Magnus de Oxford argumenta que la respuesta de Estados Unidos al modelo económico de China es tardía. Desde que China se unió a la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 2001, la OMC ha demostrado estar mal equipada para gestionar su rápido ascenso en el comercio mundial.
China ha implementado una serie de políticas industriales que han sostenido su estatus como una “economía no de mercado”. Estas políticas incluyen subvenciones a empresas estatales, préstamos a tasas subsidiadas y prácticas de transferencia de tecnología. Esto ha llevado a un crecimiento continuo en su tasa comercial, aunque también ha provocado la desindustrialización en Estados Unidos, impulsando problemas sociales que culminaron en el ascenso de Donald Trump.
A pesar de atravesar un periodo complicado, incluido un mal manejo de su devaluación en 2015, China ha logrado no sólo estabilizarse, sino aumentar su balanza comercial a niveles récord, que alcanzan casi 1.2 billones de dólares.
Mercantilismo Chino 2.0: Dumping y Competencia Desleal
A medida que avanza la relación entre EE. UU. y China, los efectos de los aranceles estadounidenses, que han alcanzado un extremo del 57%, han hecho que las exportaciones chinas a EE. UU. caigan casi un 25%. Sin embargo, a pesar de esto, las exportaciones totales de China han alcanzado cifras récord.
La reacción de China ha sido redirigir sus exportaciones a otros mercados a precios que ninguna otra nación puede igualar, un fenómeno conocido como “dumping”. Esto ha permitido a la economía china mantenerse fuerte, mientras que sus exportaciones continúan fluyendo hacia el mercado global, incluso cerrándose a EE. UU.
Desde que se implementaron las tarifas comerciales de Trump, los economistas ven una tendencia alarmante: China está exportando sobrecapacidad a otros países. A pesar de ser menos competitivos en el mercado estadounidense, siguen inundando otros mercados con productos a precios extremadamente bajos. Este dumping no solo desestabiliza las economías de otros países, sino que fortalece la posición de China en el comercio global.
Mercantilismo Chino 3.0: Dominio en Nuevas Tecnologías
Mientras que el enfoque norteamericano bajo Trump busca resucitar empleos manufactureros en un entorno en gran parte retro en lugar de progresista, China ha adoptado un enfoque más futurista. Ha logrado capturar una parte significativa del mercado en tecnologías emergentes críticas, produciendo más del 70% de los vehículos eléctricos, el 92% de las celdas solares y el 85% de los paneles solares. Esto no solo les da ventajas competitivas, sino que también sube los estándares de producción global al más bajo costo.
Chris Watling, CEO de Longview Economics, destaca que los costos de producción de electricidad en China son ahora menos de la mitad que en EE. UU. Este ventajoso acceso a una energía más rentable podría permitir a China consolidar aún más su liderazgo en el futuro.
A medida que Estados Unidos se aferra a un enfoque mercantilista más tradicional bajo una narrativa de “América Primero”, es probable que el modelo de China, más innovador y adaptativo, prevalezca a largo plazo. El mercantilismo en su forma moderna ha demostrado ser un juego complicado y, aunque los estadounidenses están entrando en este campo, la experiencia de China en este estilo de comercio global puede resultar más beneficiosa para ellos.
El nuevo orden comercial mundial, donde el mercantilismo se ha revaluado y resurgido, representa una dinámica que podría alterar el equilibrio del poder económico. Si bien EE. UU. puede desear un retorno a su antiguo esplendor, es evidente que China ha desplazado el paradigma, convirtiéndose en el jugador más competente en este nuevo escenario global.
