Recientemente, **las fuerzas rusas** lograron recuperar un **helicóptero de ataque Mi-24** de las profundidades del mar cerca de **Sebastopol**, en Crimea, más de un año después de su pérdida durante operaciones contra **drones navales** ucranianos. Esta noticia ha sido ampliamente divulgada por un blog ruso asociado a la **aviación militar**, y el sitio especializado Militarnyi también la ha reportado. Las imágenes de la **épave** han generado una gran atención en los medios, así como interrogantes sobre las circunstancias de la caída del helicóptero.
El **Mi-24VP**, identificado con el código táctico “39 Rojo”, había desaparecido el 10 de abril de 2024, cuando realizaba patrullas en el mar Negro cerca de **Sebastopol**. En ese momento, el helicóptero estaba involucrado en la defensa contra un ataque de **drones** marítimos ucranianos. Esta fase crítica en el conflicto ha sido testigo de un aumento significativo en el uso de tecnologías no tripuladas por parte de Ucrania, lo que ha modificado considerablemente la dinámica de las operaciones militares en la región.
Según los informes, los cuatro integrantes de la tripulación despegaron alrededor de las 3 de la mañana para llevar a cabo una misión de combate crucial. Sin embargo, a las 3:40, el **helicóptero** desapareció de los radares y dejó de comunicar. Un día después, buceadores encontraron el casco a 15 metros de profundidad, junto a los restos de los cuatro militares, cuyas edades iban de los 24 a los 38 años. Este trágico suceso subraya los riesgos que enfrentan las fuerzas involucradas en el conflicto actual.
A ninguna traza de influencia externa
Las imágenes publicadas por fuentes prorusas, muestran diversas partes del **fuselaje**, así como los **depósitos de combustible** externos y **casco de pilotos** que fueron recuperados del fondo del mar. Este hallazgo ocurre en un contexto marcado por **fuertes pérdidas** en el marco de una mayor utilización de **drones** navales por parte de Ucrania en el mar Negro, lo que ha modificado drásticamente las tácticas militares.
Reportes de varias canales de Telegram vinculados a la aviación militar rusa indicaron que durante el examen de la **épave**, los buceadores no encontraron ninguna señal de influencia externa. Esto ha llevado a descartar la posibilidad de que se tratara de un ataque antiaéreo, lo que deja abiertas las preguntas sobre las verdaderas causas del accidente. Poco después de la caída, ya se había mencionado un posible **mal funcionamiento** del aparato como una de las causas más probables.
Cabe destacar que en el mismo periodo, abril de 2024, Ucrania utilizó un **drone naval** equipado con un misil aire-aire **R-73** que logró abatir un helicóptero **Mi-8** ruso en las cercanías de la península de **Tarkhankout**. Este incidente marca un precedente, ya que se considera la primera vez que se hace uso de un misil lanzado desde un drone contra un helicóptero, mostrando así la **evolución** de la guerra moderna y el papel predominante que desempeñan las tecnologías en la actual contienda.
La recuperación del **Mi-24** plantea múltiples interrogantes sobre el futuro de los enfrentamientos en el mar Negro y la efectividad de los sistemas de defensa aérea rusos frente a la creciente amenaza de los drones. Además, resalta la importancia de contar con información clara y precisa sobre las operaciones realizadas por ambas partes. A medida que el conflicto continúa, los hechos como este destacan cómo la guerra se está transformando, con un enfoque cada vez más considerable en la **guerra tecnológica**.
