El **cambio en la calificación crediticia** es un evento que puede influenciar de manera significativa la percepción de un país en el ámbito económico global. Recientemente, la agencia de calificación estadounidense **Fitch** tomó la decisión de rebajar la calificación de **Francia**, pasando de AA- a A+. Esta decisión se produce tras la caída del gobierno del primer ministro **François Bayrou**, lo que ha generado una serie de interrogantes sobre la estabilidad económica del país y su capacidad para manejar su elevada deuda, que actualmente se sitúa en **3.400 millones de euros**.
Desde octubre de 2024, Fitch había mantenido la nota en **AA-** con una **perspectiva negativa**. Esto señalaba que Francia estaba en una situación vulnerable, con el riesgo de degradar su clasificación más aún. La evaluación mencionaba la **”incapacidad de implementar un plan creíble de saneamiento presupuestario”** como un factor crítico, lo que se exacerbó con la reciente **dimisión del gobierno** y las protestas bajo el movimiento **”Bloquemos Todo”**.
¿Qué Consecuencias se Esperan?
A pesar de la degradación, muchos analistas creen que esto no impactará significativamente el **tasa de interés** que Francia paga al financiar su deuda. Mercado y expertos han afirmado que este cambio ha sido **anticipado** desde hace tiempo. De hecho, se ha observado que las entidades financieras están aplicando un **interés más alto** en las obligaciones a 10 años de Francia, incluso comparado con países como **España**, **Portugal** y **Grecia**, que cuentan con calificaciones inferiores.
Además, se ha llegado a la situación en que los intereses que paga Francia por sus bonos a 10 años han alcanzado niveles similares a los de países cuyas calificaciones son consideras **peores**, como Italia. Este aspecto plantea ciertas **incoherencias** en el comportamiento de los inversores. Ahora queda la duda sobre cómo reaccionarán las otras agencias de calificación, como **Standard & Poor’s** y **Moody’s**, que actualmente mantienen la calificación de Francia en **AA-** pero con una perspectiva negativa. Las decisiones de estas agencias, programadas para finales de octubre y noviembre, serán cruciales para el futuro financiero de Francia.
Un Problema de Imagen
Más allá de lo financiero, este descenso en la calificación afecta directamente la **percepción global** de Francia. Este fenómeno refleja la imagen de un país que no ha logrado cohesión política, donde los líderes de diferentes sectores parecen incapaces de alcanzar un acuerdo que garantice una estabilidad **presupuestaria** y que permita la firma de un **presupuesto** con serenidad.
Es un hecho preocupante, sobre todo cuando instituciones como el **Insee** han presentado datos favorables sobre la economía francesa. En su informe más reciente, predicen un crecimiento del **0,8%** del Producto Interno Bruto (PIB) en 2025, ligeramente por encima del **0,6%** previsto anteriormente. También se señala que la tasa de **desempleo** se mantendrá en un **7,6%** este año, resonando como una buena noticia en medio de la muchedumbre de incertidumbres políticas.
Sin embargo, estos resultados económicos podrían haber sido mucho mejores si el sector de **consumo**, motor habitual del crecimiento en Francia, hubiera experimentado una reactivación. Dicha reactivación se había anticipado tras el periodo de alta **ahorro** acumulado durante la pandemia de Covid-19. Lamentablemente, el **Insee** señala que esta dinámica de consumo se ha visto frenada por la **inestabilidad política** existente en el país.
