
El 30 de enero, Estéban Vermeersch, de 24 años, falleció de un **pneumotórax** tras dos llamadas al **Samu** que no tuvieron intervención. Su familia ha decidido presentar una denuncia por **homicidio involuntario**.
El 28 de enero, en **Mamers**, Sarthe, eran las 22:32 cuando Dorothée Verove llamó al 15. Su hijo, Estéban Vermeersch, de 24 años, estaba **postrado en la cama**. Se quejaba desde hacía varias horas de dolores en el pecho, del lado izquierdo. Asthmático, había intentado aliviar la molestia con su **ventolín**, pero sin éxito.
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“Se desplomó, ya no respiraba”: tras varias llamadas a emergencias, un joven fallece en los brazos de su madre.
“Siento que respiro a medias. Como si mis pulmones no se llenaran”, describe el joven al operador del Samu, según recoge BFMTV que obtuvo las comunicaciones con los servicios de emergencia. Posteriormente, la llamada fue transferida a un médico regulador. Estéban reitera sus dolores en el pecho y la espalda. El médico le pide que respire hondo: “Pica”, responde el joven.
De inmediato, el médico descarta la **hipótesis** de un problema grave: para él, los síntomas del joven panadero sugieren una simple **dolor muscular**. “No me inquieta en absoluto”, afirma antes de finalizar la llamada.
“Poco a poco, su aliento se detuvo”
Al día siguiente, los síntomas empeoran. A las 14:43, Dorothée vuelve a llamar a los servicios de emergencia. Su hijo está extremadamente pálido, somnoliento, ha vomitado “unas quince veces” y se ha **desplomado** minutos antes sin perder el conocimiento. Cuando logra hablar con un médico, Estéban describe su dolor: “Aprieta, duele”, indica.
Él explica que siente que su respiración es incompleta: “Estoy un poco entre dos, no lleno mis pulmones del todo y tampoco los vacío… duele en cuanto intento levantarme”. “Siento que no puedo respirar”, insiste. “No tengo más fuerzas para levantarme”, añade.
Sin embargo, nuevamente se menciona la teoría muscular. Esta vez, un médico aconseja a la familia que se dirija a las emergencias más cercanas. A pesar del estado preocupante del joven, no se despachó ninguna **ambulancia**.
Dorothée decide llevarlo ella misma al **CHU du Mans**. Apenas abandonan su casa, Estéban se derrumba en sus brazos, **inconsciente**. Ella intenta mantenerlo despierto, pero él ya no respira.
Los servicios de emergencia son llamados. En el lugar, los intentos de **reaniminación** duran cincuenta minutos. Sin éxito. Estéban fallece poco después de llegar al hospital, el 30 de enero, a causa de un **pneumotórax**. “Poco a poco, su aliento se detuvo. Le dije que podía marcharse en paz, que no tenía que tener miedo”, confiesa más tarde su madre, angustiada.
Una denuncia por homicidio involuntario
Hoy, la familia aspira a presentar una denuncia contra el hospital por **homicidio involuntario**. “Supe que si el Samu se hubiera desplazado en la primera llamada, Estéban seguiría vivo. Sí, ahora hay rabia. Hay, francamente, rabia. El objetivo es que reconozcan sus errores”, declara Dorothée ante los micrófonos de RTL, que exige responsabilidades.
Por su parte, el hospital de **Mans** defiende sus acciones. Asegura haber abierto una **investigación interna** para aclarar las circunstancias de la muerte. En contacto con BFMTV, la institución afirma haber tomado nota de la denuncia presentada por la familia, y declara que “no se ha mantenido en silencio ante las solicitudes” de los allegados del joven.
Para los expertos médicos independientes consultados, las conclusiones son claras: la atención dada a Estéban no cumplió con los **protocolos** vigentes. Debió ser trasladado sin demora a urgencias desde la primera llamada. “Si hubiera sido atendido a tiempo, estaría vivo hoy”, afirma el abogado de la familia.
La combinación de negligencia médica y falta de respuesta a situaciones críticas puede tener consecuencias devastadoras, como se ha evidenciado en este caso. La familia de Estéban busca justicia no solo para sí mismos, sino para cualquier otra persona que pueda verse afectada por el mismo sistema en el futuro.



