Marseille se enfrenta a desafíos en el inicio de una nueva temporada de Ligue 1, luego de una preparación prometedora marcada por la falta de derrotas y un mercado de fichajes que generó expectativas. Sin embargo, la primera jornada dejó muchas inquietudes entre los aficionados, quienes ya empiezan a sentir el peso de la incertidumbre.
El juego de apertura fue un verdadero test para el equipo. Tras una hora de juego, los jugadores no lograron realizar un solo tiro a puerta. A pesar de jugar en superioridad numérica desde el minuto 30, la incapacidad para marcar un gol es motivo de preocupación. Esta situación inevitablemente alimentará las conversaciones entre los aficionados marseillenses durante sus reuniones, quizás acompañados de un buen pastis.
Durante el partido, aunque Marseille mostró una buena organización y dominó el medio campo, la falta de creatividad fue evidente. Jugadores como Gouiri fueron completamente neutralizados por la defensa del Rennes, y Greenwood, un fichaje esperado por los hinchas, continuó siendo un jugador invisible en el campo. La entrada de Aubameyang tampoco logró revertir la situación, y finalmente el equipo se vio sorprendido en los minutos finales, cuando Ludovic Blas aprovechó un error defensivo y selló el 1-0 para el Rennes.
El primer gran momento del partido llegó a la media hora, cuando un contacto entre Aït-Budlal y Murillo llevó al árbitro a mostrar una tarjeta amarilla a Frankowski, una decisión que se reconsideró después de que la VAR interviniera. El árbitro desestimó la amarilla y expulsó al jugador marroquí, quien salió del campo visiblemente conmocionado por su error.
Rabiot y Murillo encuentran el poste
A pesar de su desventaja numérica, el Stade Rennais se reagrupó y comenzaron a defenderse. Marseille intentó aprovechar esto, pero sus intentos iniciales fueron ineficaces. Un primer aviso llegó de la mano de Rabiot, cuya potente disparo desde 20 metros se estrelló contra el poste. Todo indicaba que el equipo no estaba muerto, pero su falta de velocidad y creatividad los mantuvo alejados del gol.
La segunda mitad se convirtió en un ejercicio unilateral de ataque y defensa, donde Marseille presionó constantemente pero no logró hacer tangible su dominio. La incorporación de Timothy Weah, en honor a la memorable carrera de su padre, fue uno de los pocos momentos destacados. Weah, ahora jugando como lateral, aportó una dinámica diferente que el equipo urgentemente necesitaba.
Sin embargo, antes del partido, Mehdi Benatia, el director deportivo de Marseille, anunció que la ventana de transferencias aún no había cerrado. Se espera la llegada de al menos un lateral izquierdo y un defensa central, además de posibles refuerzos en el medio campo y la delantera. Estas incorporaciones, según Benatia, “deben ofrecer más opciones al entrenador”.
A pesar del calor en el Roazhon Park, otro momento memorable llegó cuando una cabeza de Michael Murillo rozó el palo, otra muestra de la falta de puntería y eficacia del equipo. La entrada de Aubameyang, en este contexto, se sintió como un intento fallido para dar un golpe de efecto, ya que el equipo observó impotente cómo se les escapaba la victoria en el último suspiro.
Próximamente, el OM recibirá al Paris FC en un estadio que seguramente ardará de emociones. La presión es enorme; después de este tropiezo inicial, no pueden permitirse otra decepción, especialmente contra un club recién ascendido, que no despierta rencor en la hinchada. La ambición de acortar la brecha con el Paris SG exige ganar todos los puntos posibles desde el inicio, ya que la temporada promete ser larga y desafiante. Para los aficionados de Marseille, la oportunidad de vencer a su eterno rival es impensable de dejar escapar.

