Si deseas **remontar el tiempo**, solo necesitas cruzar el asombroso **masivo forestal de Mervent-Vouvant** en la **Vendée**, tomando la D 116. Este camino te llevará hasta **Pierre Brune**, un parque de atracciones que ha estado **blandiendo sonrisas** desde 1959, enclavado en medio de la naturaleza. Aquí, tanto **niños** como **adultos** pueden disfrutar de un ambiente familiar y amistoso, donde se busca **mantener el espíritu** de las coloridas décadas de 1970 y 1980. Emmanuel Normand, su actual director desde 2020, afirma con pasión que quiere que los visitantes **se desconecten** de la vida moderna en un lugar que fomenta la inspiración y la paz. Cabe destacar que aquí no hay **WiFi** y el acceso a la red móvil es bastante limitado.
Al ingresar al parque, un **pequeño tren** en miniatura te recibe, llevándote en un recorrido por sus instalaciones. Emmanuel recuerda con nostalgia que su abuelo fue quien abrió Pierre Brune, utilizando este tren que había sido rescatado de la **cierre de la mina de carbón** cercana. Originalmente, el parque fue creado para entretener a los **peregrinos** que celebraban la memoria del **Padre de Montfort**, un santo del siglo XVII. Aunque la gruta que él frecuentaba sigue ahí, hoy el parque atrae mucha más atención que las visitas religiosas.
El parque se extiende a lo largo de cinco **hectáreas** y está abierto de abril a noviembre. Aquí, puedes encontrar una amplia variedad de **atracciones clásicas**: desde el emocionante **volantín** hasta **toboganes**, **juegos inflables**, **bailarinas** y **trampolines**. También hay una pista para **karts eléctricos** y un **minigolf** de 19 hoyos que data de 1957, todo ello rodeado de frondosos árboles. Durante los días más cálidos, estas áreas se convierten en un refugio perfecto, como lo expresa Sophie, una madre de dos pequeños entusiastas del lugar.
No se necesita “tecnología” para divertirse
Pierre Brune es un verdadero oasis para la creciente cantidad de turistas que visitan la **Vendée**, que se posiciona como la cuarta **destinación francesa** más popular con 36 millones de **noches** anuales. Sin embargo, los locales tampoco se quedan atrás. Muchos, como Vincent, vienen por **nostalgia**: “Cuando era niño, venía con frecuencia. ¡Era nuestro Disneyland!” O, como Renaud y su hijo Meallan, quienes han comenzado a preferir lugares menos intrusivos: “Estamos cansados de los lugares ruidosos y agresivos. No necesitamos eso para divertirnos.”
La vitalidad de Meallan es una prueba crucial de que la diversión no requiere dispositivos electrónicos. Después de disfrutar de los **botes chocones** y las **trampas elásticas**, su padre destaca: “¡Jugó durante más de tres horas! Me hace feliz verlo así.” Padre e hijo han sido visitantes regulares durante seis años y Renaud ya piensa en el futuro: “Regresaré con mis nietos… cuando los tenga”, dice sonriendo. “Este lugar no debe cambiar, ¡vale su peso en oro!” Louise, otra visitante, coincide: “Todo está muy bien organizado. No hay multitudes ni estrés en las atracciones.”
En 2024, Pierre Brune recibió a unos **40,000 visitantes**. Emmanuel asegura que la capacidad máxima es de **1,500 personas** a la vez, ya que más visitantes complicarían la experiencia tanto para ellos como para sus 40 empleados. Este verano, se presentó un nuevo espectáculo en el **anfiteatro** titulado “Pierre de Luna”, que presenta las aventuras de la **máscota** Echo, y aborda una temática muy actual: “¿Cómo mantener una **sonrisa** cuando la vida se complica?” La respuesta de Meallan fue espontánea: “¡Viniendo a Pierre Brune!”
Pierre Brune no solo es un parque de atracciones; es un testimonio del pasado y un lugar que fomenta la conexión familiar y la diversión sin distracciones tecnológicas. Su ambiente encantador y nostálgico permite que la gente de todas las edades se sumerja en un mundo donde la alegría se encuentra en las pequeñas cosas. En un mundo donde la tecnología abunda, lugares como Pierre Brune nos recuerdan la magia de lo simple.

