
https://focus.huffingtonpost.fr/2025/07/10/319/0/6122/3443/0/0/60/0/13f471d_upload-1-1fgw5w9gxxas-afp-20250709-66998wt-v1-highres-franceeuparliamentpolitics.jpg
El nuevo acuerdo comercial entre Estados Unidos y la Unión Europea
El reciente acuerdo comercial entre Estados Unidos y la Unión Europea ha suscitado reacciones mixtas en el continente europeo. Firmado en Edimburgo, el 27 de julio de 2025, este pacto ha sido calificado por Donald Trump como el “más grande acuerdo” en términos de tarifas aduaneras, prometiendo unión y amistad entre ambas partes. Sin embargo, la aceptación del acuerdo no ha sido unánime, ni siquiera entre los líderes europeos, quienes perciben tanto beneficios como desventajas.
Este acuerdo establece que los productos europeos que se exporten hacia Estados Unidos se verán gravados con un impuesto del 15%, un alivio en comparación con la amenaza original de un 30% que Trump había planteado para el 1 de agosto. Además, la Unión Europea se ha comprometido a invertir 600 mil millones de dólares en Estados Unidos, así como a comprar 750 mil millones de dólares en energía estadounidense. No obstante, muchos aún consideran que, aunque se ha evitado un escenario de guerra comercial, los impactos del nuevo acuerdo serán desiguales.
JEAN-CHRISTOPHE VERHAEGEN / AFP
La presidenta de la Comisión europea, Ursula von der Leyen, pronuncia un discurso durante una sesión plenaria en el Parlamento europeo, en Estrasburgo, el 9 de julio de 2025.
La reacción de los líderes europeos
Los comentarios de la presidente de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, después de la firma del acuerdo dejaron claro que, para ella, era mejor el acuerdo alcanzado que una guerra comercial. Dijo: “Estoy 100% segura de que este acuerdo es mejor que una guerra comercial con los Estados Unidos.” Esa opinión fue respaldada por el comisario europeo de Comercio, Maros Sefcovic, quien destacó que, en circunstancias difíciles, se había logrado lo mejor que era posible.
Sin embargo, las reacciones de otros países del Viejo Continente no han sido tan entusiastas. El chanceler alemán Friedrich Merz consideró el acuerdo un paso positivo para evitar escaladas en las relaciones comerciales, aunque admitió que le habría gustado un comercio menos restringido. En Italia, la primera ministra Giorgia Meloni también expresó su optimismo cauteloso, afirmando que se debía seguir trabajando en el acuerdo, sobre todo en sectores sensibles como la agricultura y la industria automotriz.
Perspectivas de cambio y críticas
A pesar del alivio de evitar un peor desenlace, muchos líderes europeos consideran que el acuerdo es en gran medida desfavorable. El primer ministro belga, Bart De Wever, comentó: “Es un momento de alivio, pero no de celebración. Los aranceles aumentarán en varios sectores.” Su tono fue reflejo del sentir general de que, si bien se ha conseguido un avance, muchos aspectos cruciales aún no se han resuelto.
El primer ministro español, Pedro Sánchez, se mostró igualmente cauto, afirmando que apreció la actitud constructiva de von der Leyen, pero también subrayó que su apoyo al acuerdo no venía con entusiasmo. Irlanda, a través de un comunicado, expresó su pesar por el nuevo 15%, aunque celebró que esto brindase la certeza necesaria después de meses de incertidumbre.
En la crónica de este acuerdo, destaca el punto de vista del primer ministro húngaro, Viktor Orbán, quien criticó fuertemente el pacto, considerándolo peor que el logrado por el Reino Unido y describiendo una dinámica de dominación estadounidense. Su comentario picante de que “Donald Trump se comió a Ursula von der Leyen en el desayuno” refleja la frustración que sienten algunos líderes europeos ante percibir que el acuerdo beneficia más a Estados Unidos que a la UE.
Asimismo, la diplomacia rusa no dejó pasar la oportunidad de criticar el acuerdo, alegando que la situación podría llevar a una desindustrialización de Europa, sosteniendo que podrían ser pérdidas severas para la industria europea.
El reciente acuerdo comercial entre Estados Unidos y la Unión Europea se presenta como un pacto lleno de matices, donde los líderes europeos navegan entre el alivio de evitar mayores tensiones y la preocupación por un futuro comercial que podría resultar desventajoso. Las interacciones económicas y políticas seguirán en el centro del debate a medida que se implementen los términos del acuerdo y se evalúen su efectividad y consecuencias a largo plazo.



