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El Plan de IA de Trump: Un Riesgo Para el Medio Ambiente
El **23 de enero** de 2025, tres días después de asumir la presidencia, Donald Trump firmó un decreto que prometía un gran plan para la **inteligencia artificial (IA)** a ser presentado en 180 días. Este ambicioso programa se centra en competir con **Pekín**, considerado como el principal rival en el ámbito tecnológico. En un evento titulado **”Ganar la carrera de la IA”**, que se llevará a cabo en Washington D.C. el **23 de julio**, se esperan detalles cruciales sobre esta iniciativa. Trump ha dejado claro que su administración está dispuesta a tomar medidas drásticas para asegurarse de que Estados Unidos mantenga la **liderazgo** en el desarrollo de esta tecnología.
CHIP SOMODEVILLA / Getty Images via AFP
El gran plan para la IA de Trump prevé impulsar el uso de energía fósil y la construcción de centros de datos, a costa del medio ambiente.
Este plan, denominado **”Ganar la carrera: el plan de acción estadounidense para la IA”**, está diseñado para impulsar el crecimiento económico en el sector tecnológico a través de una reducción significativa de las regulaciones ambientales. Según fuentes consultadas por **Politico**, el documento de casi 20 páginas propone un debilitamiento del **National Environmental Policy Act**, con el fin de simplificar el proceso de permisos para la construcción de nuevos centros de datos e infraestructura energética.
Prioridad a la Energía Fósil
El enfoque del plan se dirige a satisfacer la creciente demanda de las empresas tecnológicas. En marzo, **Google** ya había señalado que las infraestructuras energéticas del país eran inadecuadas. Trump ha respondido a estas inquietudes con una estrategia que prioriza la **producción energética**, a menudo alineada con el uso de combustibles fósiles, como el gas natural. Durante un reciente **summit** sobre innovación en **Pittsburgh**, enfatizó que “mantener el liderazgo mundial en IA requerirá un aumento masivo en la producción de energía”. En este contexto, el uso de **energía fósil** se convierte en un pilar fundamental para su administración.
Los críticos advierten que este enfoque tendrá **consecuencias desastrosas para el medio ambiente**. La directora de la justicia energética del **Centro para la Diversidad Biológica**, **Jean Su**, describió el plan como una “bomba climática disfrazada”, destacando que podría tener repercusiones nefastas a largo plazo, dado el potencial daño ambiental que implica la expansión de la infraestructura energética basada en combustibles fósiles.
Además de las regulaciones ambientales, se anticipan otras medidas en el plan de IA. Se espera que se anuncie un decreto para contrarrestar las **”IA wokes”**, es decir, aquellas inteligencias artificiales que, según la administración, están sesgadas por un enfoque progresista. También se contempla la eliminación de restricciones a la exportación de los chips más avanzados, que fueron implementadas por la administración de **Joe Biden** con el objetivo de frenar el ascenso tecnológico de China.
El reto que enfrenta la administración Trump no es solo tecnológico, sino también ético y ambiental. Al priorizar el crecimiento económico y el dominio tecnológico, parece estar dando la espalda a las **exigencias ambientales** necesarias para mitigar el cambio climático. En un momento en que las voces a favor de la sostenibilidad son más fuertes que nunca, este enfoque puede resultar contraproducente a largo plazo.
Así, el gran plan de Trump para la inteligencia artificial se presenta como un arma de doble filo. Promete beneficiar a las industrias tecnológicas y energéticas, pero plantea serios interrogantes sobre la **sostenibilidad ambiental** y el legado que dejará en el planeta. La inminente implementación de estas medidas marcará un momento crítico en la política ambiental estadounidense y en la dirección que tomará el país en su lucha contra el cambio climático.




