En un mundo cada vez más **tecnológico**, Amandine Fery, una joven creativa de **31 años** de Troyes, representa un nuevo paradigma donde se unen el **saber hacer ancestral** y **nuevas tecnologías**. Desde hace varios meses, se encuentra inmersa en la **restauración de una máquina de tejer** del XIX en el Espace vivant de la bonneterie de Romilly-sur-Seine. Esta labor no solo es un compromiso **personal**, sino también **profesional**, orientado a preservar y transmitir el **rico patrimonio textil** de la región de **Aube**.
Su carrera comenzó lejos de las agujas, en el mundo de la **equitación** y luego en la **comunicación**, pero no pasó mucho tiempo antes de que el **textil** se convirtiera en su verdadera vocación. “Crecí en Romilly-sur-Seine. De niña, iba con mis padres a comprar **calcetines** a las fábricas o en Le Coq Sportif. El textil siempre ha formado parte de mi vida”, comenta Amandine.
Su revelación ocurrió durante su **maestría** en ESIV-La Fabrique, donde descubrió la **maquinaria de tejido** y adquirió su primera **máquina de coser**. Fascinada por la **precisión** y creatividad que estos instrumentos pueden ofrecer, Amandine desarrolló un enfoque que combina las **nuevas tecnologías** con prácticas tradicionales. “El tejido es como un **código** en su forma más pura. Trabajamos con secuencias binarias y tarjetas perforadas, al igual que los primeros **ordenadores**”, explica Amandine con entusiasmo.
« En tricot, on produit juste ce dont on a besoin »
Esta pasión se ha convertido en un **compromiso ecológico**. Amandine enfatiza: “A diferencia del **tela** convencional que se corta y desperdicia, el tejido permite producir solo lo que necesitamos. Calculamos mis piezas con precisión, tenemos muy poca pérdida.”
Desde hace más de un año, Amandine está restaurando una máquina **suiza Dubied** del siglo XIX en el Espace vivant de la bonneterie. “Son herramientas **intemporales**, construidas en metal, que funcionan únicamente con la **fuerza** del brazo humano. Estas máquinas son versátiles y resistentes. Todo es **reemplazable** y **limpiable**. Si tenemos las piezas, es posible repararlas, aunque lleva tiempo”, explica la entusiasta del patrimonio textil.
Amandine trabaja en colaboración con Francis Boulard, un antiguo profesional de la industria textil local. Juntos, desmontan, limpian y reparan la máquina. “Es un trabajo largo, pero apasionante. Francis tiene una enorme experiencia en las máquinas circulares y yo traigo una visión sobre las rectilíneas. Aprendemos mutuamente. Este saber hacer francés, que ha existido durante décadas, se pierde poco a poco con la **deslocalización** y ya no se transmite”, comenta Amandine.
« Une forme de poésie numérique »
Uno de los motores de su compromiso es la **transmisión** de conocimientos. “Es triste pensar que las máquinas pueden sobrevivir, pero no necesariamente las personas que las operan. Este conocimiento debe preservarse”, reflexiona Amandine. Ella ofrece clases de tejido en el **Textilab** de Lyon, un espacio colaborativo para prácticas tecnológicas y manuales, además de promover una filosofía de **código abierto**.
“Durante mi formación en **Fabricademy**, nos enseñaron que ‘si no está documentado, no existe’. Esa frase me impactó”. Con el proyecto de documentar en video la restauración de la Dubied, espera contribuir a la **memoria colectiva** de esta industria local. “Lo que aprendamos de esta máquina, quiero transmitirlo para que otros, aquí o en cualquier lugar, puedan reparar, entender e incluso crear”, añade.
Como artista independiente, Amandine Fery combina **tricot**, **grafismo**, **biomateriales** y **diseño**. Explora las posibilidades de combinar fibras textiles con materiales vivos como el **micelio**, la base de los **hongos**, y utiliza software libre para transponer sus propios diseños a la máquina de tejer. “Hackeé mi máquina con un Arduino, un programa de código abierto que permite trasladar los patrones que creamos en el ordenador al tejido. Es una forma de **poesía digital**”, aclara Amandine.
A través de todas estas prácticas, defiende la **visión** de entrelazar disciplinas, honrar los saberes del pasado y asegurar su transmisión, no solo en Aube, sino a escala global. “Es fundamental que esto continúe vivo”. El futuro de la Dubied restaurada también dependerá de lo que ocurra en el Espace vivant de la bonneterie, hoy guiado por voluntarios jubilados. Una fragilidad que Amandine observa con claridad: “Son ellos quienes dan vida al lugar. Si no tomamos el relevo, todo puede detenerse. El textil en Aube no es solo un pasado; es también un **futuro** por inventar”. Su deseo es que esa máquina vuelva a funcionar y que **las nuevas generaciones** se interesen, asegurando que la historia textil de la región continúe. A su manera, ya está trabajando en ello, **punto por punto**.
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