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CULTURE – Tres años después del final de la primera trilogía Jurassic World, los **dinosaurios** de Jurassic Park regresan a las pantallas el viernes 4 de julio. Con un nuevo director al mando de la franquicia, el británico **Gareth Edwards**, conocido por su trabajo en **Godzilla** (2014), **Monsters**, y el spin-off de **Star Wars**, **Rogue One**, el regreso de los dinosaurios ha generado una gran expectativa.
No solo las famosas gafas de **Jonathan Bailey**, uno de los protagonistas junto a **Scarlett Johansson**, han llamado la atención de los espectadores desde el primer tráiler de este nuevo filme titulado Jurassic World Rebirth (o **Renacimiento** en español). En pocas escenas se puede ver a un **T.rex** nadando, lo que ha suscitado múltiples preguntas entre los aficionados a la saga.
Para analizar cómo el director ha representado a los dinosaurios, **Le HuffPost** ha entrevistado a **Julien Benoît**, un palentólogo francés que trabaja en la Universidad de **Witwatersrand** en **Johannesburgo**. Desde el icónico filme dirigido por **Steven Spielberg** en 1993, cada entrega de la saga ha incorporado (en mayor o menor medida) los últimos **descubrimientos científicos** para renovar la representación de los dinosaurios en la pantalla grande. Este nuevo capítulo no es una excepción.
El T.rex, un animal semiacuático?
En la secuencia que alude a un capítulo del libro Jurassic Park de **Michael Crichton**, el **Tyrannosaurus rex** persigue a una familia refugiada en un bote salvavidas. Esta escena podría sugerir que el **dinosaurio** más famoso sabía nadar. ¿Pero es eso posible?
El investigador menciona que esta idea no es nueva; en 2007, se publicó un estudio que evidenciaba “huellas de natación de terópodos” en ambientes de “agua poco profunda”. Esto sugiere que algunas especies de terópodos podían nadar. “Sin duda, el **Spinosaurus** es el mejor ejemplo de terópodo nadador. Aunque esté físicamente alejado del **Tyrannosaurus**, ambos podían tener una silueta similar”, afirma.

Guillaume Suan, docente-investigador en el Laboratorio de geología de la Universidad Lyon 1
Un dibujo de terópodo nadando en las orillas de un lago en Cameros, España, en el Cretácico.
El paleontólogo también menciona un estudio de 2023 que sugiere que el **T.rex** y otros grandes **Tyrannosauridae** podrían haberse visto atraídos por ambientes acuáticos debido a su tamaño, lo que les otorgaba una ventaja sobre especies con patas más cortas.

Universal Pictures
Un T.rex en modo submarino en la película « Jurassic World : Rebirth », en cines el viernes 4 de julio de 2025.
A pesar de que “no hay registro fósil”, es decir, no se han encontrado huellas de natación del **T.rex**, Benoît señala: “Si hay evidencias de natación de terópodos en épocas donde existieron, no se entiende por qué **T.rex** no sería una excepción”.
“T.rex habría batido las patas como un pato”
Sin embargo, algunos detalles en la escena son difíciles de conciliar desde una perspectiva científica. Con respecto a su “natación”, el **T.rex**, que está más cercano a las aves, poseía “muchas bolsas de aire”, lo que le daba “una densidad superior a la del agua”. Esto lleva a Benoît a afirmar que “probablemente flotaría muy bien pero le costaría hundirse”. Este es un indicio de que el **T.rex** cazaba principalmente en la superficie, como sugiere el filme, pero no se puede aceptar que se sumerja completamente, algo que el film propone.
Respecto a la manera de nadar del T.rex, un estudio de 2020 que analizó la cola del **Spinosaure** reveló que en comparación con la de un **Allosaurus** (una especie cercana al **T.rex**), la cola del T.rex es “significativamente menos eficaz para generar impulso”. Por lo tanto, cuando se presenta al T.rex ondulando lateralmente, “no es así como debería nadar. Habría batido las patas”, afirma Benoît. En el filme, “ese movimiento de ondulación lo hace parecer casi como un serpiente marina, pero si el **T.rex** nadara, lo haría batiendo las patas como un pato, no oscilando como un serpiente”.
La precisión del filme de Gareth Edwards
A pesar de las inconsistencias, el filme de Gareth Edwards presenta ciertos detalles notables y científicamente ajustados. Detalles como los “pelos sensoriales, que son en realidad plumas, o proto-plumas” en las patas de algunos **sauropodos**, y los “gaviotas o gaviotines que se posan en la espalda” de los **Titanosaurios**, como hacen los **aves** hoy en día sobre los grandes herbívoros.
Estos contrastes con películas anteriores son significativos para el investigador. A pesar de que no todo es perfecto, como la “catástrofe” que representa el rediseño del cráneo del **Spinosaure**.

Universal Pictures.
La renovación visual del cráneo del Spinosaure no ha convencido al paleontólogo Julien Benoît, y tiene sentido.
Este homenaje, aunque claramente presente, se diluye en un guion que, a pesar de sus cualidades evidentes, se ahoga en un mar de facilidades narrativas. La trama, predecible, carece de profundidad. A pesar de que la promesa de este séptimo capítulo es retornar a las raíces de la saga, se pierde la oportunidad de ofrecer un aliento épico y grandioso, digno de un filme de aventuras “a la antigua” como este.




