El **decaimiento emocional** en el trabajo puede tener efectos devastadores en la vida personal y profesional de una persona. Este es el caso de **Benjamin**, un médico de 45 años que ha visto cómo la **presión laboral** lo llevó a enfrentar una dura batalla contra el **alcoholismo**. A través de su historia, podemos comprender las implicaciones del **estrés** y la **soledad** que muchas personas experimentan en sus trabajos, sobre todo en profesiones que requieren una gran dedicación.
La vida laboral de Benjamin ha estado marcada por el **agotamiento**. En 2018, sufrió un **burnout** debido a la falta de equilibrio entre su vida privada y su trabajo. “Trabajaba sin parar, incluso en las noches y los fines de semana”, recuerda. Benjamin fundó un **gran consultorio** en la provincia hace más de quince años, junto a varios socios, lo que aumentó enormemente la presión sobre sus hombros.
“Mi trabajo se volvió insoportable”
En el año 2020, la llegada del **Covid-19** representó un cambio inesperado para Benjamin. Aunque el virus trajo muchas dificultades, también le brindó una pausa que le permitió relajarse algo. Sin embargo, esto fue solo temporal. Después del tercer confinamiento, la presión se intensificó aún más tras la salida de un socio del consultorio. Benjamin explica: “Pasaba más tiempo delante de un **ordenador** que con mis pacientes; ya no tenía sentido”. La **frustración** se hizo palpable.
Intentó buscar ayuda, comenzando un primer tratamiento de **rehabilitación** con un adicto a las estrictas reglas poco convencionales. “Me obligaron a consumir las marcas más baratas de whisky y en dosis controladas. Al principio funcionó, pero luego abrió una caja de Pandora.” Este enfoque a menudo erróneo revela la dificultad de encontrar el **tratamiento adecuado** para el alcoholismo.
Sentimiento de soledad
La **soledad** se convirtió en una compañera constante de Benjamin. A pesar de que sus colegas probablemente eran conscientes de su **adicción**, nadie se atrevía a abordarlo sobre el tema. Su único aliado fue un socio, quien también es su amigo, que conocía su lucha. Para Benjamin, el alcohol funcionaba como un **ansiolítico**: “Me permitía sobrevivir en el trabajo, escondiéndome de mi esposa y de mis hijos. Ese es el verdadero peligro”, admite.
En la actualidad, Benjamin está tratando nuevamente de **reponerse**. Aunque aún no ha logrado reducir su carga laboral, ha encontrado apoyo en un **psicólogo** y un nuevo adicto que sigue un enfoque más adecuado para su situación. “La **vergüenza** es tan intensa como el deseo de beber”, reflexiona Benjamin. La lucha constante entre su necesidad de beber y el miedo a las **consecuencias** físicas, psicológicas, laborales y familiares es un reto diario. “Espero encontrar la voluntad de detenerme”, concluye.


