


La historia de Sarah Susak: Un viaje a través de la adversidad
La vida puede cambiar en un instante. Sarah Susak vivió esta dura realidad una mañana mientras se preparaba para trabajar. Al aplicar su maquillaje frente al espejo, su esposo Halan apareció por la puerta para darle un beso de despedida.
Pero, en ese momento, un zap la sorprendió. Una sensación similar a una descarga eléctrica la atravesó en la cara.
‘Sabía que teníamos química, pero eso fue intenso’, relata Sarah, ahora de 48 años, con una risa nerviosa. A pesar de hacer una broma, Christian decidió que era momento de ver a un médico, ya que había estado lidiando con un dolor facial durante semanas y comenzaba a temer que algo grave estuviera sucediendo.
El mismo día, su médico le dijo que solo era dolor nervioso y que se iría por sí solo. Sarah se sentía sana y activa, sin otros síntomas, así que su médico no pensó en nada alarmante.
Sin embargo, el dolor se volvía cada vez más intenso, lo que la llevó a buscar -días después- la opinión de un especialista. Ese encuentro cambiaría su vida para siempre. Al abrir la boca, el médico notó una masa visible dentro de su paladar.
Cuando Sarah sintió una sensación de descarga eléctrica después de besar a su esposo Halan, tuvo que ir al médico. (Sarah es la de la derecha, antes de su diagnóstico, junto a su madre, a la izquierda)
‘No sé cómo no lo vi antes, pero realmente se podía ver el tumor sobresaliendo del paladar. Si hubiera ido al dentista, probablemente lo habrían identificado’, explica.
Se realizó una biopsia y le pidieron a Sarah que regresara por los resultados. El diagnóstico fue devastador: adenoid cystic carcinoma, un tipo extremadamente raro y agresivo de cáncer de cabeza y cuello. El tumor se encontraba peligrosamente cerca de las terminaciones nerviosas en su cuello y estaba creciendo hacia su cerebro.
La vida de Sarah se derrumbó al escuchar el pronóstico del médico. Le dijeron que podían operar para extraer el tumor y tratarla con radiación, lo que le daría otros cinco años de vida, pero que luego probablemente metastatizaría a otra parte de su cuerpo y podría morir.
El único pensamiento que cruzó su mente fue su hija, Stella, quien en ese momento solo tenía 18 meses. Stella era su milagro, concebido tras ocho ciclos de tratamiento de FIV.
Solo 18 meses antes de su diagnóstico, Sarah dio la bienvenida a una hermosa niña al mundo mediante FIV.
El miedo y la incertidumbre comenzaron a invadir sus pensamientos. Las noticias la llevaron a una cirugía facial de 19 horas en Brisbane, donde los médicos advirtieron que podría perder su ojo izquierdo, arriesgarse a quedar sorda de un oído y que podría colapsar una de sus fosas nasales.
A pesar de su miedo, Sarah permitió que los cirujanos hicieran lo que fuera necesario para eliminar el cáncer, sin importar los resultados estéticos. Su única solicitud era **vivir**, por su hija.
‘Siempre quise ser madre’, dice Sarah.
‘Todo cambió después de que me diagnosticaron cáncer y ahora soy más saludable que nunca’, añade.
Sarah pasó un mes recuperándose en casa tras la cirugía, seguido de seis semanas de radioterapia, un proceso que resultó ser más desafiante. Hasta entonces, aún no se conocía la causa de su raro cáncer. Reflexionando sobre su vida, se dio cuenta de que había llevado un estilo de vida intenso y poco saludable.
‘Había muchas cosas que ahora, en retrospectiva, puedo decir que no eran las maneras más saludables de vivir’, comparte.
El trabajo corporativo demandante la llevó a trabajar hasta la 1 a.m., comer comida rápida por conveniencia y consumir alcohol. Incluso en sus años más jóvenes, fumaba sin pensar en las repercusiones.
Después de toda su experiencia, Sarah estaba lista para avanzar en su vida, pero en abril del año anterior, recibía otra noticia devastadora: células cancerosas habían **metastatizado** a sus pulmones. Después de una cirugía exitosa, se le diagnosticó el síndrome de Guillain-Barré, una condición autoinmune rara que ataca el sistema nervioso.
Lo que siguió fue una lucha feroz por mantener su salud. Afortunadamente, y contra todo pronóstico, sobrevivió, aunque tuvo que reaprender a caminar y tragar.
Misteriosamente, el cáncer y el síndrome de Guillain-Barré no estaban relacionados; simplemente fue “mala suerte”.
Hoy, Sarah está en remisión, aunque las cicatrices de su lucha permanecen. A pesar de todo, se muestra positiva y agradecida.
“No se puede cambiar el pasado. Lo que importa es estar aquí hoy”, dice Sarah, quien ha escrito un libro titulado “YOURU: Encuentra el gurú dentro de ti” para inspirar a otros a salir adelante en tiempos difíciles.
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