
La organización temía que la lluvia tocada no apareciera a un perro, pero nada podría estar más lejos de la verdad. Más de 250 propietarios comenzaron a su amigo de cuatro deseos en un viaje de 5 o 10 kilómetros.
Una de las participantes fue Claudia Henrix, quien participó en su silla de ruedas. Claudia sabe mejor que nadie cómo un perro de asistencia puede cambiar su vida.
Enorme libertad
“Mi perro Katja me ayuda con cosas diarias, como levantarme o vestirme”, dice antes del viaje. “Debido a que ella me ayuda con todo tipo de cosas, ya no soy tan dependiente de la atención domiciliaria y, por ejemplo, puedo decidir cuándo me acuesto y me levanto. Esa es una enorme libertad”.

