
Marjolein ha practicado la melodía de la curva con su maestra de música. Mil veces. “En momentos aleatorios, dijo: Detente, ahora el tatuaje. Para que puedas despertarme y luego jugarlo”, dice el trompetista lleno de confianza.
¿A veces no hay un error en el acuerdo? Sí, Marjolein admite. Pero no puedes volver, solo. “Y afortunadamente la mayoría de la gente tampoco se da cuenta”.
