
Biofertilizadores de desechos urbanos, desechos de alimentos agrícolas y cenizas volcánicas. Es el objetivo del proyecto europeo de alimentación terrestre promovido por Enea. La iniciativa proporciona la recuperación de nutrientes preciosos de los residuos y agricultura, bosques, industriales y urbanos por productos. Un proceso que, como lo señala Antonella Luciano, investigadora del laboratorio para la sostenibilidad y la circularidad de la producción y los sistemas territoriales de ENEA, debe contribuir “no solo a la reducción de los desechos, la seguridad alimentaria, la agricultura sostenible, sino también a la creación de un mercado de biofertilizantes europeo”. También a la luz del hecho de que “la mayoría de estos productos provienen de importaciones extranjeras”. El programa proporciona el desarrollo de una plataforma web de simbiosis industrial que servirá para simplificar la gestión de los diferentes residuos y alentar su uso en la producción de biofertilizadores.
“De esta manera, podremos coordinar todo el proceso de producción, promoviendo la colaboración e intercambio de productos y desechos entre empresas, continúa el investigador, también haremos nuestra contribución para implementar un” pasaporte digital del producto “para los fertilizantes orgánicos, para garantizar la economía de los principios de los principales de la trace.
Entre las actividades previstas por el proyecto, también el desarrollo de recubrimientos de nueva generación basados en quitosano y microalgas, “capaz de mejorar su eficiencia gracias a los mecanismos de liberación controlados de nutrientes”.
Durante el desarrollo, se planifican cinco casos de estudio europeos, diferentes en tipo y tratamiento de desechos orgánicos utilizados. El proyecto piloto italiano, llevado a cabo, en Sicilia, de la Universidad de Catania en colaboración con ENEA, se referirá a una mezcla de desechos que incluyen lodos de las plantas de tratamiento de aguas residuales (industriales y no industriales) y de las granjas de peces de agua dulce, residuos de la microalga de microalga y los residuos agrícolas obtenidos por los residuos agrícolas. A estos se agregarán el industrial mediante productos del procesamiento de naranjas y la ceniza volcánica de Etna, un residuo rico en minerales útiles para el suelo. “Todos estos residuos, concluyen que el investigador, aunque de una naturaleza diferente, se tratará a través de un proceso sostenible que permitirá transformarlos en un producto útil para la agricultura, dentro de un sistema de simbiosis industrial que optimiza el uso de recursos disponibles, reduciendo su impacto ambiental”.


