
Una nueva visita estatal de Donald Trump al Reino Unido está en el aire, pero no todos en Westminster lo esperan. Mientras el presidente estadounidense ya se está preparando para lo que él llama una “hermosa segunda parte”, la resistencia está creciendo entre los parlamentarios británicos. No contra su llegada en sí mismo, sino en contra de la idea de que podría abordar el corazón de la democracia británica.
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