
Ella nació, creció, pubertad, y todos los Flandes se veían desde la primera fila, en horario estelar. Pero la niña creció. Y no importa cuánto esperara esa vida adulta: Shania Gooris no le resulta fácil. “A veces me digo a mí mismo: tranquilo Shania. Todo no debería, ahora, pero luego ya tengo una crisis”.
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