
Lo que debería haber sido un comienzo radiante de la temporada turística fue brutalmente golpeado por el mal tiempo en las islas Egeo. En solo dos horas, una tormenta de tormentas y terrazas arrastró al mar, inundó casas y tiendas, y convirtió pintorescas calles en flujos de barro giratorios. Los residentes hablan de un desastre incomparable, mientras que los servicios de emergencia corren contra el reloj para reparar el daño antes de que la Pascua aplastara. Pero detrás del caos se encuentra una verdad dolorosa: esta catástrofe no es solo el trabajo de la naturaleza, sino también de años de ira de construcción desenfrenada y fallas en la gestión del agua.
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