
Los malos líderes son aún más dañinos para una empresa de lo esperado. No solo los empleados que son el objetivo directo del comportamiento ‘feroz’ por parte de los gerentes son la bobina, sino que otros colegas también experimentan mejoras de voz e intimidaciones como un aumento emocional. Como resultado, uno de cada cuatro pierde la satisfacción laboral y la confianza en su empleador, es menos productivo y está buscando un nuevo trabajo como la máxima consecuencia.
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