
Un pub vacío. Sin banco, sin oficina de correos, sin supermercados grandes. A primera vista, Megchelen, poco menos de mil habitantes, justo en la frontera alemana, es un pueblo como muchas aldeas. Todo parece haberse ido. Pero donde otros lugares pequeños drenan, esta ciudad de Achterhoek se opone valientemente a esa tendencia. Gracias a una tradición popular especial, con la que pronto se introducirá Willem-Alexander.
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