
Murió en agosto del año pasado como la persona más antigua del mundo, con 117 años. Nunca había estado enferma, e incluso en la vejez, la María Branyas española no era casi nada. Un estudio ha revelado el “secreto” de la supereuweling: los genes fantásticos y la flora intestinal de un niño. Y los científicos esperan aprovechar eso para todos nosotros.
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