
Casi a diario recibo correos electrónicos de empresarios que se vuelven locos por la presión regulatoria sin sentido en nuestro país. La frustración de las reglas ambientales incomprensibles, el bombeo sin sentido de los documentos y los pagos para un empleado enfermo o solicitar permisos interminables que sean rechazados por una razón poco clara, pero que debe realizar de inmediato por otro departamento con dolor de una multa. Siempre se agregan nuevas leyes y reglas. Si acaba de seguir el curso de ‘legislación y regulaciones para empresarios’, se han diseñado nuevas reglas en el camino a casa.
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