
Uno podría pensar que con evidencia en vídeo se podrían reconocer y revertir errores tan graves…
Desafortunadamente me perdí completamente allí. Al Bremen ya se le han negado algunos puntos valiosos…
Eso es porque todos se quejaron de ello. Los árbitros aprovecharon la excusa para levantar la valla al VAR.
Algo tan útil destruido por los tradicionalistas.
No, hay que reconsiderar a fondo el uso del VAR, reglas sin margen de maniobra y analizarlas con seriedad, eso es lo que debe hacer el VAR.
La opción no podía ni debería existir para el VAR.
No puede ser que cada día de partido haya escenas en las que el VAR unas veces interviene y otras no (sobre todo a la hora de valorar los duelos en el área), no puede ser que se discuta algo durante minutos (ver aquí, (por ejemplo, el 2-0 del Bayern de ayer, que para mí fue una clara falta en el TW), el manejo del VAR no es bueno y hay que mejorarlo.
Alternativamente, dejar de lado al videoarbitraje, dar a cada equipo la oportunidad de que el árbitro controle sus decisiones y él revisará las imágenes de video en el estadio y luego tomará decisiones solo o, por mi bien, junto con sus asistentes, como se hace en varios Deportes estadounidenses. Entonces también puedes encargar al cuarto árbitro que compruebe si se ha marcado un gol basándose en las imágenes de televisión, ya sea que esté en fuera de juego o no.
Actualmente tenemos un árbitro que tiene que tomar decisiones directamente desde su perspectiva en el juego, incluidas reglas que ofrecen margen de maniobra, y un árbitro de vídeo que también debe tomar una decisión basándose en las “imágenes de televisión”, pero también tiene margen de maniobra, ambos en las reglas y en el hecho de si juzga que lo que su colega ha decidido es tremendamente equivocado o no y eso conduce inevitablemente a situaciones de este tipo.
Para mí el caso está claro: o se hace del VAR un soporte sobrio para la toma de decisiones que decide basándose en reglas claras y sin margen de interpretación, O se devuelve completamente el poder de decisión al equipo de árbitros en el estadio y luego, si es necesario, aceptar decisiones incorrectas más que decisiones fácticas. Cada uno tiene que saber por sí mismo cuál es la opción preferida.


