
En el municipio de Begijnendijk, en el Brabante Flamenco, se libra una guerra de banda. Bert Ceulemans, el anterior alcalde, está enojado porque la nueva junta pide 170 euros si él y sus concejales quieren quedarse con su banda como recuerdo. “Muy pequeño”, lo llama Ceulemans. Sin embargo, el hecho de que los diputados que querían conservar su banda deban pagarla es una directiva que él mismo aprobó durante la legislatura anterior. “¡Pero no 170 euros!”
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