
Antonio Di Tonno se desplomó tras el final del partido Vicenza-Fiorentina del 6 de enero de 1965, en el que se equivocó todo y más. Una larga serie de errores en su pasado.
Y al final del partido el árbitro se desmayó. Cayó como cae un cadáver, con un ruido sordo, cayendo al suelo sin fuerzas en la entrada de los vestuarios, de escalón en escalón, como un títere cuyos hilos de apoyo se han desatado de repente. Llegó la ayuda. Un juez de línea que estaba a su lado intentó resucitarlo, pero nada. En medio del caos creado, fue el médico de Lanerossi Vicenza, el Dr. Malaman, quien inmediatamente desarrolló un plan de acción. Se hizo necesaria la intervención de la máquina de oxígeno, que habitualmente en aquellos años – colocada junto al extintor para ser utilizado en caso de incendio – formaba parte del mobiliario de los vestuarios de los clubes de la Serie A.

