
Casi todos los días, los habitantes del municipio bruselense de Sint-Gillis envían a la policía vídeos de jóvenes haciendo tratos. Es más: están en un grupo de WhatsApp junto a un policía. Los residentes están hartos de la laxitud del sistema judicial y están tomando el asunto en sus propias manos. ¿Pero son útiles esos vídeos? ¿Qué hacen las autoridades con ello?
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