
Después de cuatro años, la buena vida de un vertedero ilegal de Hamme, en Flandes Oriental, llegó a su fin: el hombre siguió arrojando residuos en el mismo lugar hasta que quedó estúpidamente expuesto. Ahora tiene que rebuscar en sus bolsillos para pagar la cuantiosa multa de 2.295 euros. “Aquí no nos reímos de las propinas”, dice la alcaldesa Lotte Peeters (N-VA).
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