
Mientras tanto, la rápida visita de Meloni a Trump debe reconocerse por su compromiso con Cecilia Sala, la periodista encarcelada en Irán y objeto de una negociación muy difícil también con Estados Unidos. Por supuesto, habrá que esperar a los resultados, pero la acción sorpresa trajo a escena a un Primer Ministro que quiso actuar personalmente también para reparar los errores cometidos y que se conocerán mejor con el tiempo. Sin embargo, es necesario analizar los aspectos políticos de este bombardeo estadounidense y, por tanto, los riesgos y ventajas para el primer ministro. Y no hay duda de que el drama del arresto de Sala ha acelerado los planes de Meloni sobre Trump al brindarle la oportunidad de un encuentro cara a cara con el nuevo presidente que señala la separación de Biden. Incluso las palabras y el tono con el que fue recibida en Florida demuestran cuánto logró hacer olvidar esa relación especial que se decía que había construido con el presidente demócrata.
Pero la salida sorpresa también lo fue para sus aliados -Tajani y Salvini- que por enésima vez sólo presenciaron el protagonismo de Melonia. En resumen, constitucionalmente no ocupamos un puesto de primer ministro, pero de hecho esto es lo que están experimentando los líderes de los dos partidos de la coalición. Y para Salvini la píldora es más amarga porque pensó que podría pasar por alto a Meloni en la relación con Trump y en cambio no hay lugar para él dada la bienvenida brindada al primer ministro en Mar – a – Lago, tanto que ayer a pesar de la situación. Ante las negaciones del Palacio Chigi de acuerdos con Musk sobre la red satelital, el líder de la Liga Norte intentó volver a la carrera para ganarse la simpatía del magnate relanzando las bondades de un acuerdo. Toma, no te rindas.
Meloni, en cambio, parece más cauteloso en una cuestión controvertida como la de las relaciones con un particular, un multimillonario. En realidad, no se trata de juzgar los vínculos con los EE.UU. sino las relaciones con un empresario que gestiona sectores estratégicos para un Estado como las telecomunicaciones, es decir, la seguridad nacional y un medio social capaz de orientar la opinión pública. Debemos preguntarnos sobre los asuntos de Musk y, sobre todo, comprender los verdaderos objetivos de Trump y del jefe de Tesla cuando señalan a la primera ministra italiana como un puente hacia una Europa que “ha tomado por asalto”.
Ya se ha hablado mucho de las intenciones de desarticular la UE pero el objetivo no parece ser sólo político. Porque la estrategia arancelaria trumpiana, si se combina con el apoyo a partidos “soberanos” como AfD -tras el respaldo de Musk- también conduciría a un riesgo de declive para el mercado único y para la industria europea. Y también sería un duro golpe para Italia.



