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“No sé qué era, pero muchos de los niños de mi clase de sexto grado pensaban que era gracioso intentar hacer tropezar a la gente”.
“Te atraparían el trasero sin importar lo cuidadoso que fueras. Bueno, yo era bastante bueno para evitarlo, pero cuando estaba en la clase de gimnasia, este chico llamado Joey me puso el trasero duro. Estaba regateando por la cancha, y él Me clavó. Me planté de cara con fuerza.
Así que pensé en cómo conseguirlo y lo conseguí durante el almuerzo. Estaba sosteniendo una bandeja con el almuerzo, por lo que sus manos no eran tan útiles. Clavó una mesa y perdió un diente. Me suspendieron por 10 días y se implementó una política estricta de no tropezar, suspensiones inmediatas si me pillaban. Mierda apestaba, mi papá me golpeó el trasero. Lo siento, Joey.”





