
“Y ahora nadie se lo va a comer”. Con esas palabras, Zeli dos Anjos (60) parecía querer evitar lo peor, pero el daño ya estaba hecho. Tres familiares de la brasileña acabarían muriendo tras probar su “pastel de Navidad picante”. La panadera y su nieto de diez años siguen en el hospital y su estado es estable. En la sangre de las víctimas se encontraron rastros de arsénico, un poderoso veneno.
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