
La aprobación final recibida ayer en el Senado (112 sí, 67 no y una abstención) cierra el trámite parlamentario de la ley de presupuestos para 2025, una maniobra valorada en 30 mil millones. Ahora comienza el juego de implementación, en el que participarán principalmente los ministerios y el aparato de la administración estatal.
De hecho, hay normas que entrarán en vigor inmediatamente a partir del 1 de enero de 2025, por ejemplo reducir la cuña fiscal (confirmado y estructuralizado para rentas medias-bajas y extendido también a rentas de hasta 40 mil euros), la posibilidad de anticipar jubilación a los 64 mediante la acumulación de la seguridad social obligatoria con la complementaria, o la prórroga, durante los próximos tres años, del aumento del 20% en la deducción relativa al coste del trabajo por nuevas contrataciones permanentes realizados por empresas y profesionales.
Otras medidas, sin embargo, necesitarán un paso más para no quedarse en el papel. De hecho, cuando se aprueba una ley -y esto es especialmente cierto para medidas complejas como las leyes de presupuesto- no todas las medidas entran en vigor inmediatamente. Hay algunas reglas que requieren un paso adicional de implementación, como un decreto ministerial o una disposición de alguna agencia gubernamental.
En detalle, para el Presupuesto 2025 deberán aprobarse 103 medidas de ejecución, algunas de las cuales serán necesarias para liberar 1.800 millones en 2025 (que se elevan a 8.000 millones si se considera el trienio 2025-2027). Medidas de implementación que han aumentado respecto a las 48 que tenía la Maniobra en el texto aprobado por el Gobierno, y que entró en la Cámara el pasado 23 de octubre.
Lo que pesó sobre todo fue la introducción de toda una serie de micromedidas con microasignaciones, que en muchos casos traían consigo su disposición de aplicación: de los 103 actos, 53 están vinculados a la asignación de recursos en 2025, de los cuales 29 para importes por debajo de los 10 millones.




