
Inversiones en equipos juveniles, excelentes estructuras y una visión a largo plazo han llevado al equipo transalpino a la cima del mundo. Con Mónaco y París protagonistas en Europa y un número récord de jugadores en el extranjero, Francia dicta la ley sobre el parqué
Mónaco y París en lo más alto de la clasificación de la Euroliga, dos finales olímpicas consecutivas y talentos ocupando los primeros puestos del Draft de la NBA. Si tres pistas lo demuestran, la explosión del baloncesto francés no puede ser una coincidencia. Muchos creían que, tras la generación dorada de Tony Parker, Boris Diaw y Nicolas Batum, que continuó con Evan Fournier y Rudy Gobert, habría una disminución del talento disponible y de los resultados, tanto a nivel de clubes como a nivel nacional. Y en cambio, como explica Nicola Alberani, responsable de la sección deportiva de SIG Estrasburgo desde hace cinco temporadas, el secreto del éxito reside en la visión a largo plazo: ver el resultado no como un objetivo final, sino como una etapa de un viaje que comienza desde el mini-baloncesto y entrena a jóvenes deportistas preparados para grandes escenarios. “En Francia se hacen enormes inversiones tanto en el sector juvenil como en estructuras. Orleans y Boulazac, ambos en la segunda serie, tienen estadios con los que sueñan otros países. Son una nación con una fuerte base de baloncesto y una gran cultura deportiva. París y Mónaco no son una coincidencia en absoluto y pueden llegar muy lejos”.
